El término investigación de mercado puede revolverles el estómago a muchos. Conceptos como target, marketing territorial y top of mind, hacen parte de esa deleznable jerga mercadotécnica asociada a la publicidad. Pero en el caso de Julián González, estas dos palabras adquieren un luminoso sentido. El señor en cuestión viajó a México por periodos de tres meses para catar, entre plantíos azules de ágave, una cantidad inverosímil de tequilas en las esquinas, cantinas, tiendas, restaurantes y fábricas de Jalisco y Guanajuato que le sugirió la máxima autoridad en este campo, el Concejo Regular del Tequila, un organismo oficial. ¿La idea? Una investigación de mercadeo -sí, en términos formales así se llamó- que lo llevó a elegir la marca que mejor se adaptara a los consumidores colombianos para su importación. El escogido fue el Corralejo, que produce la casa tequilera más vieja de México (1755), un trago excelso con el que González ha conseguido que el público deje de ver el tequila como una bebida maldita, equiparable al aguardiente más bravo, y lo considere una bendición digna de incontables botellas y largas noches.

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