Estar casado con una pintora es muy útil si no se quiere gastar dinero en obras de arte para la casa. Pero no, el amor y el arte no son, no deben ser, funcionales, son asuntos donde los sentimientos se imponen a la lógica. Amor y arte hay en la vida de Elisa Luque, pero también hay lógica. Tiene apenas 24 años, se casó de 21, a mitad de carrera de Artes Visuales, luego de quedar embarazada. Nueve meses después tenía a Jerónimo y una tesis de grado llamada Desde el vientre: cien retablos pintados con todo lo que pasó mientras esperaba a su hijo. A ella le gustan el verde oliva y las conchas de mar; también el manejo del color de Rothko, los recortes de Matisse, los círculos de Beatriz Milhazes y el valor de ser autobiográfica de Frida Kahlo. Sigue pintando en la casa, pese a que a Jerónimo no entiende que hay que tener disciplina y constancia para consolidar una obra. Aún así, Elisa se las ingenia. El resultado de este tire y afloje lo podrá ver en octubre en el Museo de Arte Contemporáneo, en Bogotá.

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