Aunque suene extraño, en la prehistoria de la prehistoria de la moda en Colombia, los pioneros eran los hombres. Difícil creerlo cuando el presente indica que en cuestión de cortes, filigranas, lentejuelas y arabescos, las que tienen la sartén por el mango son las mujeres diseñadoras. Pero así es. Y Lila Ochoa lo demuestra con las fotos y las historias compiladas en Colombia es moda, un ambicioso libro que es el primer estudio serio sobre la evolución del vestido y los accesorios en un país del que apenas se puede hablar de ciento veinte años de diseño, frente a los cuatro siglos y más que algunos países europeos han consagrado al desarrollo de la moda. Pocas personas con la autoridad de Lila Ochoa para narrar todos esos hechos. Directora de Fucsia, una revista con un nombre tan cromático como el de ella, ha aplicado en estas líneas su formación académica como filósofa y sus años como periodista para entregarnos un volumen cuidadoso y exhaustivo, que explica cómo fuimos y hacia dónde vamos en materia de vestidos, todo ello para llegar a una conclusión muy personal, aquella según la cual la moda es un arte al que, por cotidiano, no se le ha dado la importancia debida. Ella sí lo ha hecho y seguro que los lectores de Colombia es moda harán lo propio.

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