Iwao Komiyama no es el típico chef que viene a Occidente a probar suerte y le va de maravilla con el negocio redondo del sushi. Él es, sobre todo, un artista. No solo porque también es arquitecto y músico, sino porque ha integrado las artes plásticas a sus platos: son obras de arte refinadas que, llenas de colores y figuras relacionadas con la naturaleza, ya han creado su propia estética culinaria. El simple acto de comer, en las manos de Iwao, es una experiencia espiritual cargada de cortesía, aromas, tranquilidad, belleza y, claro, sabores prodigiosos. A los doce años ya era el chef del restaurante de su abuela hasta que, después de estudiar durante veinte años todas las modalidades de cocina asiática, fue nombrado ITAMAE: Maestro japonés especialista en las Artes Culinarias de la Cocina Japonesa y Sushi. Luego fue a Argentina. Puso el primer restaurante japonés en ese país, se casó con una mona, organizó un curso de cocina, hizo una firma de catering y creó su propio programa de televisión en el canal Gourmet. Así que no es cualquiera, es una autoridad. Hace un mes estuvo en Bogotá invitado por la Escuela de Gastronomía Mariano Moreno y no escapó a nuestra curiosidad sobre su trabajo.

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