No hay mal que por bien no venga, reza el dicho, y aunque es el más común de los lugares comunes, en el caso de Sebastián Isaza se cumple al pie de la letra. Una rotura de fémur a los diez años nos privó de un futbolista más, pero parió un golfista excepcional, ya que el entonces niño no podía practicar otro deporte debido a su incapacidad. Y como el niño era muy competitivo, decidió hacerlo de forma profesional por el resto de su vida. Así, Sebastián dejó atrás a Medellín para conocer los mejores campos del mundo y coronarse campeón nacional y suramericano, además de quedar cuarto en un mundial juvenil. ¿Quién ganó en aquella oportunidad? Un muchacho llamado Tiger Woods. Pero ninguna fractura ósea lo podía preparar para el golpe que sufrió en 2002, cuando Estados Unidos le negó la visa de talento especial, lo que lo obligó a competir en Suramérica, con tan buena suerte que le ofrecieron trabajo en Uruguay. Hoy está de regreso en Estados Unidos, donde es instructor de la Academia de Golf en el Bonaventure Country Club en La Forida. Este paisa tiene la visa más que aprobada, el fémur más que soldado y las ilusiones de los diez años intactas.

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