Nadie discute los avances tecnológicos del sistema financiero colombiano. Todos los bancos, fondos de pensiones y, en general, intermediarios financieros, disponen de cajeros automáticos abiertos 24 horas, páginas de internet desde donde pueden realizarse transferencias de dinero y pagos, así como un variado surtido de servicios, ofertas y productos para incentivar en el usuario el gasto y la inversión. Sin embargo, a la par de este despliegue de tecnología virtual, las oficinas bancarias parecen haberse quedado en los años cincuenta. Cualquier persona que haya tenido que cambiar un cheque por ventanilla o acudir a realizar alguna diligencia personal como consignar efectivo o retirar una chequera, estará de acuerdo conmigo.
En primer lugar, no existe ninguna oficina en la que todas las ventanillas disponibles para la atención al público se utilicen simultáneamente. Si son ocho, solo se presta servicio en cuatro. Si son seis, se utilizan dos y en las horas de almuerzo, cuando se supone que la ciudadanía dispone de algunos minutos para realizar diligencias , se utiliza una. Como es de suponer, las colas y el desagrado del cliente aumentan a la misma velocidad. A veces me pregunto si se trata de una estrategia comercial para dar la impresión de que el establecimiento financiero tiene muchos clientes cuando la realidad es que entre menos personas se encuentren haciendo cola, más atractiva es la institución. Al menos en congestión. Además, los trámites personales son engorrosos y demorados. Cambiar un cheque requiere de foto, huella digital, autorización del subgerente, firma en cuatro recibos y al menos quince minutos de espera, y para completar el cuadro, los vigilantes de los bancos hacen las veces de asesores bancarios, pues entregan papeletas de consignación, controlan las colas, ayudan a llenar los formularios, revisan los endosos y prohíben el uso de celulares. No entiendo por qué no se puede llamar por celular a alguien desde un banco. Algún empleado me informó que se trata de prevenir los robos a los clientes que retiran efectivo. Si esta es la razón, obviamente con esta prohibición no van a evitar que alguien siga a un cliente o informe a su compinche sobre un retiro de efectivo. ¡pues entonces deberían prohibir también picar el ojo o rascarse una oreja! Este destierro del celular en los bancos es semejante a la prohibición de uso de móviles durante el despegue y aterrizaje en un avión. Si existiera algún peligro, así fuera el mínimo, es obvio que sería absolutamente prohibido ingresar a una aeronave con celular. Ninguna compañía de seguros tomaría el riesgo de que algún pasajero olvidara apagar su celular y fuese llamado en pleno decolaje.
Los fines de mes, acercarse a un banco es prácticamente imposible. Las colas salen a la calle, y las conforman pensionados que esperan varias horas para recibir su mesada, y empleados que cobran su salario. Nada más triste y lastimero que observar ancianos de todos los estratos esperando pacientemente a que la oficina se digne entregarles su dinero, habiendo tantas maneras rápidas y eficientes de transferir una suma.
En un mundo donde se exploran los confines del universo, en el que dos personas pueden hablar en vivo desde los puntos más apartados de la Tierra y donde se avanza cada segundo en tecnologías inimaginables, cambiar un cheque, al menos en Bogotá, es una diligencia que toma 45 minutos. Ni hablar de pagar un servicio público, un impuesto, o enviar un dinero a algún lugar. Yo me sorprendo de lo juiciosos y pasivos que somos los colombianos. No imagino otro lugar donde la gente tenga que hacer cola para pagar.

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