No sé si exista en otras ciudades del mundo un servicio tan eficiente y variado como el que tenemos en Bogotá y que se conoce con el nombre genérico de "domicilio". Pero me resisto a creerlo. Una de las cosas que más llaman la atención a quien visita nuestra ciudad es la inmensa gama de cosas que se pueden solicitar y obtener por teléfono. No hay ninguna actividad económica, por personal, especializada o íntima que se quiera, que no se pueda obtener mediante una llamada a cualquier hora del día o de la noche.
Comencemos por el servicio de taxis. Desde el momento en que se recibe la llamada, la operadora saluda por el nombre al cliente, sabe si este llama de su celular o de un teléfono fijo, sabe dónde vive y dónde trabaja y en cuestión de minutos está el conductor en la puerta. Como yo soy usuario permanente de este servicio, puedo dar fe de que en muchas ocasiones el conductor conoce qué emisora me gusta, cual es mi vía preferida para desplazarme, me ofrece el periódico o una revista, y en alguna ocasión uno de ellos indagó cómo me había ido con cierto asunto que en un viaje anterior había comentado con él, y que por supuesto yo había olvidado.
En lo que se refiere a domicilios de restaurantes, la oferta es ilimitada. Ni hablar de pollos o pizzas. Por medio de una simple llamada , en Bogotá se puede ordenar comida thai o francesa, ajiaco santafereño, carne oreada o salmón noruego en salsa de finas hierbas. Hasta los restaurantes más afamados y elegantes prestan servicio a domicilio. En alguna ocasión ordené una pasta con tres quesos y el mensajero me entregó un recipiente con queso parmesano, advirtiéndome que no me recomendaba usarlo en este tipo de preparación. Al preguntarle por qué me había llevado ese queso si no lo recomendaba me contestó: "Lo que pasa es que a algunos clientes sí les gusta". Nada que decir.
Pasemos a droguerías. No creo que funcione ninguna que no tenga ciclista. Desde un Marlboro suelto, con encendedor para prenderlo, hasta una medicina para el tratamiento del colon irritable, es posible conseguirlos en cuestión de minutos. Un paquete de maní, seis curitas y un esferográfico Paper Mate o una cartulina son artículos que a diario se venden por teléfono. Porque las droguerías, además de vender drogas, son papelerías, lo cual permite agregar al pedido un sobre para carta, seis clips y, si el usuario tiene hambre, también puede pedir un Choco Ramo y una gaseosa.
En entretenimiento y diversión de adultos, los domicilios abundan. Alquiler de películas, masajistas, acompañantes y bailarinas inquietas se ofrecen a diario en las calles de Bogotá. Igualmente se pueden solicitar servicios de manicure y pedicure, lavado y corte de pelo, tratamientos faciales y hasta nutricionistas que van a la casas de sus clientes a revisar su peso y sus hábitos de comida.
Los periódicos locales suelen ser la mayor fuente de información para lograr conocer la gran cantidad de posibilidades de domicilios que existe en Bogotá. Le enseñamos mandarín, le prendemos su chimenea, le paseamos su perro, le afinamos su bandola o la depilamos a en su residencia, son algunos ejemplos de todo lo que se puede conseguir por teléfono.
Pero quizás el más curioso de todos los que he visto fue uno en el que se ofrecía ayuda a domicilio para vestir adecuadamente.
Como van las cosas, no tardará alguien en poner el siguiente aviso:
"¿Está muy atareado para ir al baño? Llame al siguiente teléfono".

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