Casablanca, Ben-Hur y Lo que el viento se llevó, tres clásicos repletos de Óscares, en una caja de precio especial y diversión garantizada. Cuando Hollywood era menos intrascendente.

Los clásicos son esas películas que duran seis horas y que nadie quiere ver porque en ellas Godzilla no destruye Nueva York ni Jeff Goldblum se enfrenta a una plaga alienígena en surround 5.1. Por eso, por los motivos que nos llevan a no verlas, es precisamente por lo que debemos verlas.
La sola dicha de no encontrar a Goldblum-Brandonfly enfrentado a E.T. con un virus de PC o de hacerles el quite a las patadas de Vin Diesel, paga, en casa, una tarde de sábado o de domingo, aplicarse un clásico. Tres recomendados:
Casablanca: Bogart y Bergman comprometidos en una historia de amor y guerra que se rodó con escenarios y utilería de segunda (¿Guerra Mundial?), pero que ha conmovido a por lo menos cinco generaciones de espectadores. Versión original en blanco y negro, sin la mortificante coloración artificial. Y no dura seis horas, apenas una y media.
Ben-Hur: Epopeya de la fe que logra robarle una justa lágrima hasta al más caradura de los ateos, y con Charlton Heston en su mejor momento (lejos de los documentales de Michael Moore). Ganó once Óscares, aunque la hazaña perdió brillo después de que el bodrio de Titanic la igualó. Y no dura seis horas, apenas tres y media.
Lo que el viento se llevó: Gable y Leigh en un romance nada perfecto. Los gringos dicen que es la mejor de todos los tiempos (en mano a mano con Casablanca), aunque ya sabemos qué sucede cuando uno les hace mucho caso a los gringos. Pero entretiene, y mucho. Ganó diez Óscares, incluido el de Mejor película. Y no dura seis horas, apenas cuatro.
Ben-Hur, Casablana,
Lo que el viento se llevó
ZONA: 4
AUDIO/SUBT.: ESP., ING., PORT., fra.
VIDEO FACTORY

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