Cualquiera está en su derecho
-aunque se equivoque- de decir que las confesiones del señor Schmidt
son aburridas, pero muchos cojones tendrá para decir que la película
Las confesiones del señor Schmidt es aburrida. Aburridas, por lo cotidianas tendrán que ser las palabras e ideas de un sujeto que reconoce íntimamente que tras cuarentitantos años de matrimonio le ha perdido encanto al asunto, o que es agrio el sabor que le deja la jubilación, o que le irrita profundamente ver a su hija en preparativos de boda con un tipejo decorado con bigote de famélico vaquero. Cada pequeña e insignificante cosa que hace o piensa Schmidt aviva más el fuego de un espectador que se siente retado en el campo sagrado del 'todos los días', y aniquilará a quien crea que los miles de pesos invertidos en el DVD tienen que poner a temblar el subwoofer de su home theatre. Ese espectador va a extrañar casi con lágrimas uno o dos choques, algún intercambio de balas de paracaídas a paracaídas o las piernas de Lucy Liu. Pero, jurado, la madre del yerno exhibe unas largas y arrugadas tetas que le llegan a las rodillas. ¿Acaso no basta? ¿O las tetas deben ser más largas?

Zona 4
Audio: inglés
Subt.: esp., ing.
Music Factory/Círculo de Lectores

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.