Ópera prima de Adrien Brody (anda como perdido, ¿no?) en la que encarna la tragedia del pianista polaco Wladyslaw Szpilman y, de paso, la del pueblo judío en la Segunda Guerra Mundial. Roman Polanski, prófugo de la justicia norteamericana desde hace décadas, dirige este muy bien montado recordatorio de que la humanidad, en el fondo (¡y a veces no tan en el fondo!), sigue siendo más sanguinaria que el tiburón de Spielberg.

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