Desde que era pequeño (y peludo) el director Ron Howard soñaba con hacer una película de vaqueros. Quedó cumplido con Las desapariciones. Lo que podría ser una aventura de vaqueros es, en realidad, un thriller que se desarrolla con todos los elementos del Oeste, pero presentados lejos del lugar común: hay vaqueros, pero mueren en los primeros 15 minutos de la película; hay caballería, pero no es nada caballerosa; hay indios, pero no son ni buenos ni malos a secas sino muy buenos o malos; hay mujeres, pero son madres, no muestran las piernas y no está claro si hacen el amor mejor de lo que disparan.

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