Estudié desde kínder hasta undécimo, con un octavo bis, en el mismo colegio. El Berchmans, de jesuitas, donde cursó Andrés Caicedo algunos años. Pertenecí a la mítica generación que conoció la sede vieja, el colegio del centro. En ese entonces era colegio de hombres, ahora es mixto. Me gradué en el 91, si no estoy mal, el mismo año en que entraron las primeras niñas, a preinfantil no sé qué. Éramos 101, pero nos graduamos 99, porque Javier de la Calle se suicidó y Lelo, un tipo entrañable que aparece en una foto del anuario conmigo, murió torturado junto a su novia en una reyerta de celos que incluía traqueto joven de los 90.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, ahora quedamos 96. Ese es el drama nacional, todos estamos incompletos, siempre falta alguien, a alguno se lo tuvo que llevar la violencia y la ira. Pasa en todo lado, pasa en las mejores familias. Pasó entre nosotros. De los muertos posteriores al grado se cuentan muchas cosas y no se sabe nada, y tal vez ya no importa. A Pilo, con quien yo solía tomar cervezas en un bar épico de aquellos años llamado Copelia, lo mataron de una ráfaga. A León, que en paz descanse, lo mataron en Bogotá. Al último de los nuestros que mataron fue hace como dos años larguitos; le decíamos El Enano, un tipo buena persona, nos teníamos buena vibra.
Yo vine a Bogotá y viví en residencia con El Empacador, La Rata y Checho, con quien compartí un apartamento en Chapinero. Checho se fue a Berlín, se casó con una alemana y toca jazz. Hace poco estuvo en Corea dando conciertos, parece que es una estrella por allá. Vive en Bruselas.
Mis amigos del colegio siguen siendo mis amigotes, aunque no me vea con todos, aunque de algunos me acuerde poco. Con tres de ellos me sigo encontrando tantos años después. Me alegra saber que están bien. Casados ya, o en trance de hacerlo, contentos, con buenos trabajos. De otros que no veo tanto, o no veo nunca, me llegan noticias pintorescas, oscuras, cómicas, sorprendentes.
Dicen de Gastaldi que hizo su práctica en China y que luego quiso ir a Moscú en tren. En un pueblucho de la frontera, que consistía en un puñado de casas, una escuela y una cárcel, unos soldados rusos de corte estalinista lo arrestaron durante quince días, porque les pareció sospechoso ver a un colombiano en aquellas recónditas estepas. Que dizque lo sacaban encañonado dos veces al día, a tomar el sol, y otros detalles que ya hacen de él un Papillón colombiano. Nunca me lo he encontrado desde que nos graduamos; con gula de escritor, espero que la historia sea verdad y algún día oírsela contar a él mismo.
De Lema, alias El Exosti, se dice que se montó en una bicicleta y pedaleó hasta unas costas en el Pacífico chileno. Que tiene barba de asirio y fabrica tablas de surf.
Del Buñuelo hay toda una mitología. Se sabe, eso sí, que vive en la Florida. Cada persona que me encuentro dice que El Buñu tiene un trabajo diferente: recogebolas en un club de golf, trabajador de gasolinera, fabricante de tarjetas de crédito. Es posible que el Buñu esté trabajando en la CIA, es posible cualquier cosa.
De dos compañeros de aquella promoción supe que viven con sus novios y parece que están muy bien. Me alegro por ellos.
Hemos invadido el mundo: Recio vive en Suiza; Cantillo y el Huevo viven en Nueva York; Consonni, en España; El Torcho, en Londres; Hancho, en Carolina del Norte. Bueno, la verdad, no tantos, la mayoría estamos por acá. Sospecho que vivo cerca de El Chusco, porque me lo encuentro en todo lado.
El Porífero era un gordito bonachón, rozagante y chistoso. De él hay una foto en el anuario con una frase que se le atribuye: "Ha pasado tiempo, ¿o no, padrecillo?". Ahora esa frase se siente más, porque con los años se ha vuelto verdad, ha cobrado todo su significado.
Yo me casé con una fotógrafa y estoy enamorado de ella, vivo en una casa de techos altos y piso de madera que con ayuda de un gato defendemos de moscas y telarañas. He tenido mis altas y mis bajas, mis soledades, mis derrotas, mis experiencias sicodélicas, mis depresiones. He sido muy de buenas. He tenido novias muy bonitas y muy inteligentes, he tenido muchos, muchos amigos. Pero amigos de aquella época en que nos creíamos invencibles, que todos le íbamos a ganar a la vida, solo ustedes.
Un abrazo para todos, dondequiera que estén. Y los demás, que en paz descansen.

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