Uno llega hasta un lado en que el lenguaje se acaba, como se creía que pasaba cuando para el hombre la Tierra era plana. Navegas hasta el abismo y ¡tran!, te faltan las palabras para describir un color, un olor, una escena, un carácter, un rasgo, una sensación. El lenguaje tiene límites. Ahí, aparecen los malabares de ideas, imágenes, sonidos y palabras para solucionarlo todo, hacerlo todo más explícito o más gráfico, ampliar las orillas. Podrá uno a veces no estar de acuerdo, pero igual queda deslumbrado por la forma en que quedan dichas ciertas cosas.
El Quijote, (d)escrito hace ya cuatrocientos años, era "un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor". El personaje es, desde entonces, una imagen inolvidable; y Cervantes, un tigre, un vasto. Después de él, vienen los tropos que uno agarra por ahí, comparaciones ingeniosas, imágenes impactantes causadas por atinadas trenzas de palabras. A continuación, una antología incompleta, lo cual es un pleonasmo. Ya empecé a teorizar, prometo callarme y dejar que hablen los demás:
Neruda, en un (mal) poema, dijo que el gato era un "mínimo tigre de salón". Marlowe tiene la siguiente descripción de sí mismo: "Soy un bebedor ocasional, de esos que sale por una cerveza y se despierta en Singapur con la barba crecida". Cabrera Infante, para describir a una gordota que cantaba boleros, le bastó decir: "Nat King Kong". Un personaje de Juan Martini le pega un puño a otro en la cara y se rompe la mano, el golpeado le pregunta riendo "¿Qué tenés, osteoporosis?". Cuando su abuela está vendiendo la virginidad de la Cándida Eréndira, el comprador alega que la niña "tiene teticas de perra". La primera línea de La guerra del fin del mundo dice: "Era tan alto y tan flaco que siempre parecía de perfil". Borges dijo de Emma Zunz cuando encontró hombres: "De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada". Ribeyro decía que el cielo plomizo de Lima era "color panza de burro". Hay un libro que no he leído y se llama El corazón es un cazador solitario. Una paparazzi de Miami dijo en televisión: "Las mujeres que mueren en liposucciones o implantes piratas, 'mueren de belleza'". Los de Radiohead describen a un normalópata de clase media como a "un cerdo, en una caja, lleno de antibióticos". Calamaro le dice a su mujer: "Soy arquitecto de tus lados incorrectos".
Estas frases también las guardo, como cuando encuentro una palabra bacana y la pongo en mi lista.
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"¿No te parece que cuando uno vuela encima de una selva y se asoma por la ventana del avión ve brócolis, y brócolis, y brócolis.?, me preguntó mi esposa. En ese momento, casualmente a mi lado había una ventana de avión que daba a la selva, me asomé y le di toda la razón. Poco antes estábamos almorzando con un grupo de ingleses, en el restaurante típico del aeropuerto Eldorado; después de una cazuelada inmensa de ajiaco, el mesero le preguntó a uno de ellos si quería postre y él dijo: "Impostrible". Mi hermano menor, cuando era más joven y probó el risotto, dijo que era "como el arroz de leche, pero que en vez de ser de dulce, era de sal". Él mismo, cuando probó el bloody mary, dijo que sabía "a pizza". Un amigo mío especula que todo lo que pasa aquí es por culpa de que en el aguardiente y en el tamal hay una bacteria que se alimenta de sentido común.
Ya que Patarroyo no pudo con la malaria, debería sacarnos de dudas. A lo mejor mi amigo tiene razón.

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