Con ustedes, El jardín de las delicias, una propuesta nueva que conserva algunos de los sellos indelebles de Proyecto Sayaka. Este es el resultado de la unión de los dos locales de Mizu y Sayaka, que ahora le dan el turno a un bar de dos pisos en el cual no se oye a Daniela Romo, sino música electrónica. Recreado en el famoso tríptico de El Bosco, El jardín de las delicias tiene algo de cielo, algo de tierra y algo de infierno.
Cielo, por la inmejorable calidad de la música y por el diseño del lugar, que tiene impresos digitalmente una especie de frescos en el techo y en las paredes. Este y otros detalles, como las pequeñas cadenas plateadas que hacen las veces de cortinas para separar los ambientes, hacen que el sitio prometa algo diferente y al fin ponen en evidencia que el minimalismo va en picada y que estamos aburridos de los espacios extremadamente limpios. Queremos ambientes un poco más sórdidos y menos chic, o por lo menos una dosis adecuada de ambas cosas. En cuanto a lo de la música, El jardín de las delicias es como esa novia de toda la vida que vuelve de Ámsterdam y que uno ve salir de la aduana cambiada, con una pinta rara que no cuadra del todo con la mujer clásica que era, pero que causa curiosidad y emoción. Y la gran bendición, por encima de la pinta, es que haya refinado su gusto musical. No se puede más que dar gracias al cielo por que haya superado su etapa de música pa' planchar y merengue guitarreadito por Lucas, Simón o cualquier mechudo con nombre de perro.
Luego está la tierra, que lleva siempre a reparar en detalles más terrenales. Son inevitables la chichonera y las caras conocidas, aunque en El jardín de las delicias hay dispuestas unas salas privadas en donde uno puede sentarse y "sentirse" más aislado. Lo que no se puede negar es que hay gente agolpada en la puerta y bouncers y estreses con los que hay que estar dispuesto a lidiar.
Finalmente, aunque no por ser lo menos importante, está el infierno, que en El jardín de las delicias se traduce en carne, de la mejor. Hay delicias y oportunidad para rozarse con el pecado por todas partes. El infierno está lleno de imágenes eróticas, de perdición, de hedonismo, pero también hay un pedacito de infierno que no es el de los placeres carnales, las tentaciones y las bacanales: el de dejar las chaquetas o las carteras, que es una pesadilla eterna. En resumen, ir al Jardín de las delicias es como pasearse por el tríptico de El Bosco: una experiencia barroca, pero deliciosa.

JARD´IN DE LAS DELICIAS
Cover: $15.000 no consumibles
Precios: Botellas de $60.000 a $320.000
Abierto de jueves a sábado de 10:00 p.m. a 5:00 a.m.

Calle 80 # 11-16
Teléfono: 236 9207

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