Mucho se ha debatido sobre la intervención turística en lugares vírgenes. ¿Existe la posibilidad de un turismo con racionalidad ecológica y ambiental? Sí. Los ecohabs son un claro ejemplo de ello.

No es un secreto que el Parque Nacional Tayrona es uno de los patrimonios naturales y culturales más importantes de Colombia con una riqueza inigualable de fauna y flora. Ni hablar de las playas como Arrecifes, El Cabo o Neguange, que se complementan con el paisaje selvático. Allí, en la Sierra Nevada, se dio todo un complejo cultural cuya comunidad todavía existe: Pueblito —una cuidad arqueológica con las estructuras, las terrazas, los muros de contención y la cosmogonía kogui nos lo demuestra. De ahí, la importancia de que la intervención turística se haga con cuidado. Los ecohabs, en playa Cañaveral, cumplen con esos requisitos. Son un estilo de maloka de planta circular, estructura de madera y techo de paja, que busca proyectar la idea de vivienda de los tayronas y que cumplen con las exigencias que cualquier turista sugiere: agua dulce, electricidad, cama cómoda, sábanas limpias, hamaca, baño, espejo, restaurante, vista, playa, brisa y mar.

El lugar está pensado para 60 visitantes simultáneos —de 4 a 6 en cada maloka— con sus respectivos servicios. Esto busca cumplir con los objetivos recreativos y educativos sin causar los traumas ecológicos que normalmente ocurren. También se idearon una serie de actividades en lugares como el río Don Diego, Chengue, Bahía Concha o Quebrada Valencia. Para estas vacaciones playeras de enero, tenga en cuenta los ecohabs, que le darán una sublime tranquilidad. No solo porque el mar, la playa y la selva lo harán sentirse aislado de la cotidianidad, la ciudad, el caos y el trabajo, sino porque no se sentirá como un asesino de la naturaleza; sino como parte de ella.

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