Introvertido, de pocas palabras, a ratos seco, el lenguaje que mejor domina Juan Pablo Ángel es el del gol. El suyo no ha sido, para nada, un lecho de rosas. Todo lo contrario. Para llegar a donde está tuvo que salir adelante en ambientes hostiles o momentos difíciles que habrían doblegado a más de uno. A diferencia de otras estrellas del fútbol colombiano que lo han tenido todo servido en bandeja de plata –pero que han preferido ser más protagonistas por fuera que por dentro de la cancha–, Ángel ha sabido sobrellevar esos momentos duros con entereza, sin quejas. En tiempos de celebración ha mantenido una actitud calmada, más reflexiva que impulsiva. Sin revanchas, sin rencores, sin odios.

Ángel habla con goles y con goles les ha respondido en estos últimos ocho años a sus detractores. A un amplio sector de la hinchada de colombianos que lo resistía cuando comenzó a despuntar en el Atlético Nacional: eran tiempos de regionalismos y resentimientos, cuando se acusaba a Francisco Maturana y al ‘Bolillo’ Gómez de impulsar las ‘roscas paisas’. También lo resistían los periodistas argentinos y los hinchas de aquel River Plate en transición al que llegó en 1998. Era un equipo en el que no tenía la continuidad necesaria y peleaba el puesto con Juan Antonio Pizzi, Sebastián Pascual Rambert y Christian Castillo. Aun así, en ese 1998 de vacas flacas, Ángel no solo tuvo una buena actuación en la Copa Libertadores sino que anotó el mismo número de goles que había marcado Marcelo Salas un año antes. Pero ese dato se quedó en la estadísca, en el terreno de las anécdotas. ¿La razón? El subtítulo que logró River de nada valía porque el campeón había sido Boca, el odiado archirrival histórico.

Como anécdota de aquellos días difíciles vale la pena recordar los comentarios que hizo al aire un futbolista del Once Caldas que hoy fracasa en España cuando River jugó ante el equipo de Manizales. Según el jugador en cuestión –cuyo nombre no vale la pena recordar–, a Ángel se le habían subido los humos y ya hablaba como un che.

Pero en 1999 las cosas cambiaron. Junto con Pablo Aimar y Javier Saviola conformó una línea delantera que combinaba fantasía y eficacia. Dos títulos, goleador, estrella, se hizo común verlo celebrar golpeándose el pecho con los puños.

En 2001 el club Aston Villa, de Birmingham, Inglaterra, compró su pase por 9.5 millones de libras esterlinas (unos 14 millones de dólares) y Ángel tuvo que adaptarse no solo a unas condiciones de juego y de vida difíciles para él, sino que también tuvo que afrontar problemas familiares relacionados con la salud de su esposa y de su hijo recién nacido. Una vez más, Ángel mostró su entereza y su capacidad para sobreponerse a la adversidad en silencio, sin quejarse. Hoy en día es figura en su equipo y con sus goles ha vuelto a sonreír y festejar, como lo hacía en aquel River de fantasía al lado de Saviola y Aimar. El Ángel del gol habla poco. Prefiere hablar
con goles.

¿A qué obedece su nuevo look de pelo largo y vincha, como de goleador argentino de los años 70?
Cuando llegué a Birmingham hacía mucho frío y me lo dejé crecer para protegerme un poco. Me lo dejé largo porque no he encontrado a alguien de confianza que me lo corte.

¿Cómo se ha sentido en Birmingham? ¿Ya se amañó al ritmo de vida de la ciudad?
Es difícil adaptarse. Lo que más me ha costado ha sido el clima. A mí me impresiona que oscurece a las tres y media de la tarde, el tiempo siempre es gris, llueve constantemente. Pero Birmingham e Inglaterra me ofrecen un montón de cosas que he aprendido a disfrutar. Así que van unas por otras.

¿Cómo le va con las mujeres? ¿Lo persiguen mucho?
No es que me persigan. Sí piden autógrafos, pero hay mucho más respeto y la gente es más distante. Hay una barrera entre el jugador de fútbol o el personaje público y el aficionado. Pero en general la gente –no solo las mujeres sino el público en general–me han tratado muy bien, me han dado un cariño increíble en tan poco tiempo… Creo que eso ha sido lo más significativo que he encontrado acá en Birmingham.

¿Todavía los hinchas del Aston Villa van a la cancha con la camiseta del equipo con su nombre y número a la espalda y alas de ángel?
Los vi una sola vez. Ellos generalmente están en la tribuna y es muy difícil ponerle atención a todo lo que sucede allá arriba. Pero no creo que todavía lleguen con alas. Sí he visto banderas de Colombia y pancartas con mi nombre, pero a los hinchas alados los vi una sola vez.

¿Qué hace en sus ratos libres? ¿Lee, oye música?
De vez en cuando lo hago, pero ante todo estoy en mi casa, con mi familia. Cuando tengo tiempo libre aprovecho y voy a Londres o recorro un poco por acá por Inglaterra. Además le dedico bastante tiempo a tratar de aprender el idioma.
O sea que usted es más bien poco rumbero…
No es que no rumbee ni nada, pero no es lo que más hago. Prefiero aprovechar mi tiempo libre para ir a un buen restaurante, viajar, conocer Europa.

¿Qué añora de Argentina?
Añoro el calor humano, el clima, la comida. En general, Argentina me trató muy bien en todos los aspectos. Buenos Aires es una ciudad para todos los gustos, con gente y amigos muy especiales. Pero tengo muy claro que eso forma parte del pasado, ahora estoy en otra etapa de mi carrera y de mi vida.

¿Cómo le ha ido en el fútbol de Inglaterra?
Ha sido un cambio muy difícil en todos los aspectos. Tengo que adaptarme a otra cultura, a otro estilo de juego, pero creo que eso forma parte de esa nueva etapa que estoy viviendo. Juego con compañeros y rivales de muchas nacionalidades, de cada uno hay que aprender y adaptarse a sus diversos estilos de juego. Afortunadamente me he adaptado bastante bien y ahora estoy más contento.
Usted, que es un gran cabeceador, debe sentirse como en su casa en la tierra de los mejores cabeceadores del mundo.

No crea, porque precisamente esa es la principal virtud de los jugadores de acá, no solo de los delanteros sino también de los defensores, que son de una capacidad física importante. No es nada fácil ganarles ahora por arriba.

¿Qué tan cierto es que el fútbol inglés es sólo fuerza y velocidad?
Eso es un poquito contradictorio. Sí y no. El futbol inglés, como fútbol inglés, es muy frontal, físico, rápido. Yo creo que es así un poco por el clima, porque las canchas generalmente están mojadas y son demasiado rápidas. Eso da como resultado un fútbol de ataque, casi todos los partidos son de ida y vuelta. Pero también encontrás equipos como el Manchester United y el Arsenal que juegan bastante bien, que tienen una combinación de fútbol inglés con fútbol de toque, de pelota al piso, con jugadores de mucha capacidad y mucho talento. Yo creo que eso depende de los entrenadores, pero en general es un fútbol físico y frontal.

¿Qué le hace falta del fútbol de Colombia y del argentino?
Recuerdo con satisfacción todo lo que me dejaron y enseñaron, pero no añoro nada.
En su concepto, ¿qué se hizo mal en estos años para que Colombia perdiera el lugar protagónico que alcanzó entre 1987 y 1993 con Maturana?

Es cierto que hubo un cambio generacional, pero creo que eso es lo que menos tiene que ver. La mayoría de los jugadores de la selección se ha consagrado en sus equipos y muchos merecían la oportunidad de disputar una Copa del Mundo. Yo creo que hubo un poco de falta de organización, y decisiones que se tomaron de manera apresurada al final nos perjudicaron.

¿Cómo ve el futuro del fútbol colombiano tras la eliminación en el mundial?
Lo importante es replantear las cosas, hacer un proceso serio, creer en la persona que pongan y darle el respaldo
necesario para que pueda desarrollar su proyecto.

Su paso a River Plate para reemplazar a Marcelo Salas.

Un reto.

El golazo que le hizo a Cordoba en el Monumental, en el clásico River-Boca.

El éxtasis.

Haber jugado al lado de Aimar y Saviola.

Una diversión

Su gol ante Perú en Lima, en la pasada eliminatoria, y su jugada del pasegol al Tigre Castillo en Santiago de Chile.

El esfuerzo.

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