Si uno pudiera mezclar en una coctelera cantidades iguales de la esencia de Italia y del sabor del delta del Mississippi y agitara, con toda seguridad aparecería Shake, el último trabajo de Adelmo Fornaciari, más conocido en el mundo de la música como Zucchero, que en italiano significa azúcar. Fornaciari nació en 1955 en Roncocesi, en la provincia de Reggio Emilia, vecina de Modena, la ciudad natal de Luciano Pavarotti, y a los 15 años comenzó su carrera musical, bastante variada por cierto pues, entre otras cosas, ha sido compositor e intérprete de varios temas en el festival de San Remo, además de integrante de varias bandas que, en sus primeros años, apenas se dieron a conocer en Italia.

En 1984 se encontró con el guitarrista Corrado Rustici, con quien ha trabajado hasta el día de hoy. Zucchero ha tenido grandes éxitos en Europa y Estados Unidos con canciones como Canzone triste (del álbum Rispetto, de 1987), Senza una donna (del álbum Blue, de 1987 —esta canción la volvería a grabar en 1991 junto con el cantante Paul Young y puso a Zucchero en el número uno de casi todos los países de Europa—) y Diamante, de 1991, que triunfa en Gran Bretaña y Estados Unidos. Le atribuyen, además, haber descubierto para la música popular a Andrea Bocelli.

En los últimos años de los noventa participó en varios conciertos a beneficio de los niños y en defensa de los bosques tropicales al lado de grandes estrellas como Sting, Bono y Luciano Pavarotti, y fue el único músico de Europa continental que actuó en el concierto de Woodstock celebrado en 1994.

En septiembre y octubre de este año se presentará en varios países de Suramérica. “Ya he estado en Venezuela, Argentina, Chile, Costa Rica y Bolivia. Desafortunadamente nunca he ido a Colombia y me encantaría ir a su país en esta ocasión”, manifiesta. SoHo habló con este cantante que le vendió su soul al blues.

¿Por qué se demoró tanto tiempo en lanzar un nuevo álbum?
(Risas). Porque para hacer un buen vino se necesita tiempo. Bueno, también porque estuve de gira hasta finales de 2001.

¿De dónde nació su interés tan fuerte por el blues, en particular, y la música negra de Estados Unidos, en general?
No lo sé ni yo mismo. A los 11 años comencé a oír discos de Otis Redding, de Marvin Gaye, de Aretha Franklin y me enamoré de esa música. Es evidente que hay una parte de mi ser que ama y aprecia ese tipo de música. Soy italiano, lo sé, pero es probable que en otra vida yo haya sido un músico de Nueva Orleans.

En su música uno también nota un interés muy grande por el lirismo, por el ‘bel canto’ italiano. ¿Es esto cierto?
Sí, es cierto. Una parte mía está con el blues y la otra parte tiene raíces muy profundas de la cultura italiana. Hablo de Puccini, de Verdi, de la canción napolitana, de la música mediterránea en general. Mi música es producto de esas dos cosas: la música negra norteamericana y la tradición musical italiana.

¿Cuál de estas dos influencias considera usted que es más fuerte?
La música negra y el blues.
En Colombia conocimos hace ya muchos años dos vertientes en principio irreconciliables de la música popular italiana. Por un lado los cantantes y cantautores como Lucio Battisti,
Domenico Modugno, Lucio Dalla,
Nicola di Bari, y por el otro una serie de grupos del entonces llamado ‘rock sinfónico’: sobre todo Premiata Forneria Marconi pero también Le Orme,
Nova, Aqua Vitale…
No era Aqua Vitale, era Aqua Fragile
Gracias por sacarme del error… A propósito de esos grupos, yo ya conocía desde los años setenta el nombre de su gran colaborador, Corrado Rustici, que era guitarrista de alguno de esos grupos pero no recuerdo bien cuál…
Corrado Rustici era el guitarrista de Nova.

Muy bien. Pero volviendo a la pregunta, ¿usted cree haber hecho con su música una fusión de la vertiente del rock progresivo y la balada italiana?
En cierto sentido estos grupos como Premiata Forneria Marconi, Le Orme, Aqua Fragile y que hacían rock progresivo fueron los primeros italianos que hicieron una música que no era necesariamente típica de Italia, que de alguna manera es un poco lo que he hecho yo después con el blues y la canción italiana. Ha sido una manera de unir dos almas: la del rock que seguía un poco la onda anglosajona de los grupos progresivos (Yes, Genesis, Emerson Lake and Palmer), y la de la italianidad.

¿Cómo ha recibido el público de Estados Unidos la propuesta de blues que les ha llevado usted?
Debo decir que la primera vez que me presenté en Estados Unidos tuve miedo de ser criticado por ir allá a hacer una música que les pertenece más a ellos que a mí, que soy italiano. Sin embargo, recibí grandes elogios, tuve mucho éxito. Incluso, cuando estuve en Memphis, Rufus Thomas me dio las llaves de la ciudad. En Los Ángeles, Dan Aykroyd, que es padrino del House of Blues, me presentó de un modo fantástico.

Estos ejemplos que usted pone son muy significativos, pues es frecuente que los músicos negros tiendan a despreciar los intentos blancos por hacer blues.
Yo no creo que necesariamente el blues tenga que ser cantado por una persona negra nacida en Estados Unidos. El blues es, ante todo, un asunto de sensibilidad. Recuerdo una frase muy bella de Rufus Thomas: “El blues nace en el momento en el que tú regresas a casa, no encuentras a tu mujer o descubres que tu perro ha muerto. Entonces tomas la guitarra, comienzas a tocar y en ese momento, sin importar si eres blanco o negro, nace el blues”.

Usted se ha presentado y ha grabado con grandes músicos como Luciano Pavarotti, Eric Clapton, Joe Cocker. ¿Con cuál o cuáles artistas que usted considere grandes con el que no haya cantado o grabado le gustaría hacerlo?
Últimamente estoy muy interesado en las voces femeninas del soul como Macy Gray, Anastasia y Mary J. Blige.
Usted, que ha participado en muchos conciertos para defender la ecología y a beneficio de los niños de
Kosovo, Guatemala, Liberia…¿cómo ve el mundo después del 11 de septiembre? ¿Qué se debe hacer para seguir trabajando en estas causas?
Es evidente que en estos últimos meses se ha desatado en el mundo entero un negativismo feroz. Hablo de las guerras religiosas, terrorismo, en fin… Ahora más que nunca, además de cantar, es necesario tener un contacto más directo con la gente, estar en la calle, en primera línea, para tratar de sensibilizar a la opinión pública de que el planeta se está de veras degenerando.

¿Cómo lo ha hecho usted?
Siempre me he dejado guiar por lo que me dicta mi corazón. No he querido hacer demasiadas apariciones de beneficencia. Pero es distinto cuando lo hacen personas muy sensibles y honestas como Bono, Peter Gabriel y Luciano Pavarotti, o como Sting para apoyar a Rain Forest; si me llaman personas que yo estimo y que sé que son sinceras y creen de veras en lo que hacen, en esas causas justas, yo llego.

¿Cuál es el futuro de la música pop? ¿Es un futuro electrónico?
Espero que no, aunque hay discos y artistas y Dj’s que utilizan la música electrónica de una manera sensible y con un espíritu muy bello. Espero que triunfe la música de los músicos que tocan sus instrumentos, y que además no solo lo hacen con técnica sino, por encima de todo, con el corazón.

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