Clinton Eastwood, Jr., para sus amigos y fans Clint, nació en San Francisco (California) hace 73 años. Siendo todavía un niño su familia se mudó a Oakland donde su padre había encontrado trabajo como ayudante de una gasolinera. Su primera pasión es el jazz y durante la adolescencia se empeña en aprender a tocar trompeta y piano, incluso llega a presentarse en el Omar Club de Oakland tocando blues y ragtime. Entra en el ejército durante la guerra de Corea con la ilusión de ser enviado al frente, pero sus superiores deciden emplearlo como instructor de natación en un fuerte militar de California. Estando allí, y de forma casual, traba amistad con personas que trabajan en los estudios de la Universal, ellos lo animan a probar suerte como actor. En 1953 se va a vivir a Los Ángeles y se casa con Maggie Johnson, con ella tiene dos hijos, Kyle y Alison. Su primera aparición en el cine es un pequeño papel en La venganza del monstruo (Revenge of creature, 1954) dirigida por Jack Arnold. En 1958 la CBS le ofrece ser parte del seriado western Rawhide; durante siete años (217 episodios) Clint se roba el protagonismo y crea las bases de lo que será su leyenda. En 1964, el director italiano Sergio Leone lo contrata para protagonizar la ya mítica Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari). El inesperado éxito de la película hace que actor y director vuelvan a juntarse en Por unos dólares más (Per qualche dollaro in piú, 1965) y El malo, el bueno y el feo (Il buono, il brutto e il cattivo, 1966).

Señor Eastwood, han pasado casi cuarenta años desde Por un puñado de dólares, ¿qué representa en su carrera esa película?

Me ha tomado más de veinte años demostrar que no soy un pistolero sin alma, y que puedo vivir sin el poncho y el cigarrillo... No niego que esa película me abrió muchas puertas así que, para ser justos, digamos que le debo mucho y nada.

¿Cuándo pensó por primera vez en dirigir?

Cuando estás fuera de este negocio, todo parece muy complicado. Luego entras y descubres que podrías hacerlo bien, que tienes muchas ideas y necesitas ponerlas en práctica. Como actor tenía pocas posibilidades de manifestar mis intereses y, aunque parece que el actor tiene una relación más estrecha con el público, la realidad es que las ideas están detrás de la cámara.

Usted ha sido varias veces actor y director al mismo tiempo, ¿no le resulta incómodo?

Hasta cierto punto lo es... Cada vez que lo hago me pregunto si tengo la energía suficiente, y si la respuesta es positiva, tomo el riesgo. Creo que parte del misterio de la vida, y lo que hace que valga la pena, es permitirnos el lujo de arriesgarlo todo.

¿Podríamos incluir a Malpaso entre esos riesgos?

Sin duda. Malpaso fue y sigue siendo un riesgo, en este negocio siempre estás al filo. Nunca sabes, ni siquiera cuando haces un cine muy comercial, cómo reaccionará el público. Cada película es una apuesta.

En 1968, Clint Eastwood rechazó la oferta de Sergio Leone para participar en Érase una vez en América (C'era una volta il West) para dedicarse a Cuélgalo más alto (Hang 'Em High) dirigida por Ted Post y producida por la recién creada compañía de Clint, Malpaso Films (el nombre fue tomado de un arroyo que atraviesa por su rancho en Carmel, ciudad de la que Clint sería alcalde en los ochentas). Ese mismo año la Universal lo contrata para hacer El hombre de la corbata de cuero (Coogan's Bluff), con el director Don Siegel. Entre ellos surge una fuerte amistad que los lleva a colaborar en diversos proyectos cinematográficos. En 1970 ruedan juntos (Two mules for sister Sara), una nueva producción de Malpaso. La sociedad continúa con La peor noche del soldado Jonathan (The beguiled) y Harry el sucio (Dirty Harry), ambas de 1971. Ese mismo año Clint Eastwood debuta como director con la película Al filo de la noche (Play Misty for me). En 1973 Clint vuelve a encarnar al detective Callahan en Fuerza mágnum (Magnum Force), la saga del taquillero Harry el sucio. En 1975 regresa a la dirección con el modesto Asesinato sobre el Eiger (The Eiger sanction). Durante la década siguiente su carrera incluye varias películas de fuerte impacto comercial y otras que pasan desapercibidas para el gran público, entre esas la conmovedora Bronco Billy (1980). Aunque en América todavía Clint no pasaba de ser el héroe o antihéroe de un cine violento e intrascendente, en Europa empezaba a valorarse su trabajo, tanto que la Cinemateca Francesa realiza una retrospectiva de todas sus películas. En 1985 Eastwood presenta a concursar en Cannes El jinete pálido (Pale rider), una inquietante película que marca su retorno al western.

¿Por qué la obsesión con el western?

El western ha marcado mi relación con el cine desde el comienzo, creo que representa la épica americana y por ende allí están contenidos los valores más importantes, para bien y para mal, de nuestra cultura. Uno puede tratar los temas desde la superficie o intentar ir más al fondo, creo haber hecho esto último en El jinete pálido y antes en Bronco Billy. A menudo se trata de un hombre solo enfrentado a su destino; un hombre que no tiene pasado y que, como Bronco Billy, no puede evitar que las cosas en las que cree se diluyan ante sus ojos. Sin embargo, trata de aferrarlas. Bronco Billy es un personaje patético pero increíblemente humano.

¿Se considera una persona violenta?

Todos podemos serlo en determinadas circunstancias. El hombre más pacifico del mundo se convierte en una fiera si alguien amenaza o daña lo que ama. Me veo como una persona tranquila que hace su trabajo y en él trato de mostrar la condición humana, la soledad y también criticar la autoridad desalmada que ignora al otro, que no ve críticos sino enemigos.

Una de sus grandes apuestas fue Bird, ¿qué sensación le dejó esa película?

La primera vez que escuché hablar de este guión fue a principios de los ochenta, después de un tiempo tuve la posibilidad de leerlo y me gustó mucho al punto que pensé en hacer la película. También pensé que sería importante que Charlie Parker tocase en la película. Hablé con Chan, la mujer de Parker que vivía en París. Ella me dio algunas cintas inéditas con solos de Bird, las llevé a América y, a través de un proceso digital que incluía nuevos músicos, hicimos todo lo posible para que sonaran como en las grabaciones originales. Después hemos reunido también a los músicos originales de Bird. Red Rodney que tocaba la trompeta con Charlie Parker y Ray Brown que tocaba el contrabajo... Crecí viendo películas sobre la vida de grandes músicos americanos y siempre tuve la impresión que quienes las hacían no entendían o no amaban esa música, en esas películas a nadie parecía interesarle la música, creían que era sólo contar la historia. Entonces pensé que con Bird podríamos hacerlo mejor.

Usted conoció a Charlie Parker, ¿recuerda ese momento?

Junto al nacimiento de mis hijos nada recuerdo con tanta emoción: había ido a ver a Lester Young a Oakland, también estaba allí Coleman Hawkins que me gustaba mucho. De repente un saxo contralto se asomó al palco y empezó a tocar. Era Charlie Parker y fue de verdad impresionante. Podía hacer cualquier cosa con su instrumento. Cuando terminó de tocar tuve la conciencia de haber entrado en otro mundo. El jazz siempre ha representado un tipo de libertad, y quizá sea discutible lo que Parker haya hecho en su vida privada con esa libertad. Podemos juzgar y decir que tenía todas las posibilidades y se autodestruyó, pero no podemos olvidar que sufrió el racismo y en muchos locales donde se le contrataba como la atracción principal debía entrar por la puerta del servicio.

En 1990 Eastwood produce, dirige y protagoniza Cazador blanco, corazón negro (White hunter, black heart) inspirado en las circunstancias que rodearon a John Huston mientras dirigía La reina africana (The african queen, 1951). La película obtuvo buenas críticas pero escasa atención del público y para resarcir sus finanzas Eastwood volvió al género policíaco con La recluta (The rookie, 1991). En 1992 retoma el western con Los imperdonables (Unforgiven), de lejos su película más apreciada tanto por parte de la crítica como del público. Eastwood obtiene por ella dos Globos de Oro y cuatro premios Óscar, incluyendo el de mejor director y mejor película. En 1995 hace pareja con Meryl Streep enLos puentes de Madison (The bridges of Madison County).

A pesar de las películas que ha hecho luego de Los imperdonables, los críticos piensan que esa fue su mejor película, ¿usted qué dice al respecto?

Si se refieren al género western diría que sí. En Los imperdonables creo haber tratado la violencia y sus consecuencias de un modo profundo. No quería que hubiera muertos gratuitos, quería hacer sentir que nuestra muerte, cualquiera que sea, está fuertemente ligada a la forma como vivimos. No me gusta pensar en cuál ha sido mi mejor película, prefiero pensar en las cosas que he hecho mal y tratar de mejorarlas hacia el futuro.

¿Se siente el último cowboy?

Si eso representa seguir creyendo en la dignidad y tener el valor de expresar las cosas en las que creo, entonces lo soy.

París, Francia. Verano 2003.

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