Puntual, impecable y muy elegante. Así llegó a la cita en las oficinas del Estadio Santiago Bernabeu en Madrid. Valdano dejó que Rosa, la fotógrafa, le colocara la gloriosa camiseta blanca sobre su cuello y, luego, la bufanda del Real Madrid para retratarlo así, con los símbolos del que se considera hoy el mejor equipo del mundo.

Sabe que es un hombre talentoso y, como él mismo ha dicho, ?nada es más eficaz que el talento?. Acaba de presentar en Madrid su último libro, El miedo escénico y otras hierbas, una recopilación de sus más brillantes artículos. Es un ganador y lo ha sido siempre. Pero aún después de muchos logros y desde su actual posición de directivo, sigue viendo al fútbol de manera sencilla y un tanto romántica. ?Conservo más la condición del aficionado con su capacidad de disfrute todavía ingenua, que la mirada del dirigente, más contaminada por los intereses. A mí el fútbol me gusta de una determinada manera y el Real Madrid va hacia ese ideal platónico: por un lado yendo al mercado y comprando a los jugadores más fascinantes del mundo y, por otro, yendo a la cantera para darle al equipo una buena carga de identidad?.

Es un madridista de pies a cabeza. Orgulloso hasta la médula de serlo. Sabe que cuenta con algunos de los mejores futbolistas del mundo y, por si quedaran dudas, con Ronaldo. ?Cuando él ataca parece que atacara una manada, no que ataca un hombre, parece muchos hombres a la vez. Parece que fuera a devastar el campo. Es un jugador muy moderno hasta en el aspecto físico; hay algo de androide en él?.

Valdano no es un directivo corriente y lo sabe. Es un hombre reflexivo, carismático, generador de ideas, muy inquieto intelectualmente y hacedor de equipos. Valdano es así:

¿Qué resorte se dispara cuando ve jugar a la selección argentina?

Me devuelvo a la infancia con nostalgia. Y jugar con la camiseta me devuelve a los sueños más auténticos de mi vida: ?Ponerme algún día la camiseta de la selección argentina sobre todo para jugar un mundial?. Ese fue un sueño que me potenció como jugador, porque era tan fuerte el ansia por alcanzarlo que terminé siendo mejor jugador de lo que mi naturaleza me permitía, por los efectos casi milagrosos que producen los sueños sobre la voluntad de la gente. Yo, que empecé siendo un jugador mediano, terminé siendo un jugador que merecía la camiseta de la selección.

¿Podemos volver a sus años de juventud?

Nací en Las Parejas (Santa Fe), un pueblo pequeño de diez mil habitantes, y a la puerta de mi casa había un campo de fútbol de mil kilómetros por mil kilómetros: la pampa húmeda argentina. Fue una infancia libre, en la que tuve siempre dos cosas: un balón cerca y un gran sentimiento de seguridad. La pelota fue una referencia indiscutible en mi vida. A los cinco años, el día del entierro de mi padre, yo estaba jugando un partido y una tía me fue a buscar y me dijo: ?Hoy no es día para jugar al fútbol? y me devolvió al entierro. Por eso siempre digo que cuando me quitaban la pelota era porque la vida se ponía seria, entonces había que cambiar totalmente la visión de las cosas.

¿Quién lo inició en el fútbol?

No tengo ningún recuerdo de mi padre asociado al fútbol. Eso está más relacionado con mis tíos que me regalaban una vez al año una pelota y que me llevaban a ver todos los partidos del Deportivo Las Parejas, el equipo al que yo era aficionado. A los 16 años, siempre corriendo detrás de la pelota, me fui a Rosario, a un equipo de primer nivel, al Newell?s Old Boys. Ahí estuve tres años, alcancé la primera división, fui campeón del mundo con una selección juvenil, alcancé la selección de mayores y, con apenas 19 años, recibí una oferta del Alavés de España y la acepté de inmediato, más con el deseo de escapar a una gran desorganización que había en Argentina y también empujado por el espíritu aventurero que siempre se tiene con 19 años, que llevado por una especulación inteligente.

¿Qué hacía los fines de semana en esa época?

Volvía de Rosario a mi pueblo y de mi pueblo íbamos a todas las discotecas de los pueblos de al lado. Eran fines de semana totalmente liberatorios para mí y muy necesarios porque yo seguía con mi sentido de la responsabilidad a cuestas tanto a la hora de jugar al fútbol, donde me sentí profesional prácticamente desde que tenía 14 ó 15 años. También me gustaba el cine pero la gente me asocia mucho a los libros. Cualquier amigo de aquella época me recuerda con un libro en la mano, más de lo que yo me recuerdo a mí mismo. Me dicen que leía en el autobús cuando viajábamos, en la pensión cuando no jugábamos, y que era imposible hablar conmigo porque estaba todo el día leyendo.

Debe haber un libro que recuerde de esa época?

El retrato de Dorian Gray, porque creo que fue el primero que leí o que me impactó, que me sacó de mi mundo para meterme en un mundo fantástico, que me ponía en contacto con la realidad y me sacaba de ella y todo dentro de una historia fascinante.

Bueno, pero no todo son libros en la adolescencia. Vamos al tema de fondo: ¿qué fórmula utilizaba para conquistar a las mujeres?

Yo siempre usé? la palabra (risas). No era un ligón de discoteca por decirlo de algún modo; era más de cafetería, más de cine, más de esas cosas, necesitaba un poco de silencio (más risas) para hacer pesar mis valores?. Y rodeado de novias por todas partes?

Antes de venirme a España, dos serias. Las cosas en Argentina, bueno, en Suramérica en general, son serias antes de tiempo, viéndolo desde la perspectiva europea ahora. Es decir, yo tenía 19 años y había progresado mucho en dos relaciones, demasiado para la edad que tenía.

¿Cómo manejó la fama en los años de juventud? Era muy joven cuando ya era famoso.

La fama, por un lado, te acerca a la gente pero de un modo superficial pues en realidad todo el que se acerca no lo hace de una manera natural sino forzada. Entonces siempre vi la fama más como una barrera que como un facilitador. Por otro lado, yo era y todavía soy una persona tímida y el sentirme observado me quita uno de los bienes más preciados que es la libertad, así que, desde ese punto de vista, no me he sentido cómodo siendo famoso. Aun así debo reconocer que la fama tiene un poder deformador muy grande: uno se irrita si lo miran pero echa en falta la mirada si no lo miran.

¿Qué le causaba rebeldía cuando joven? ¿Qué lo sacaba de casillas?

Yo era rebelde y no siempre con causa. Lo que más rebeldía me causaba era la autoridad, los abusos de poder. Por eso no siempre me he llevado bien con los entrenadores y siempre me he llevado mal con los directivos. Y ahora me cuesta reconocerme en este lugar. Sin embargo, fui socialmente abierto y desde aquella época y aún hoy es uno de los análisis que más me interesa cuando conozco a una persona: sus relaciones con el poder. Aquellos que son muy poderosos con los débiles y son muy débiles con los poderosos me parecen los perfectos repugnantes y en cambio aquellos que son capaces de mantener una dignidad ante el poder inmediatamente me producen una sensación de complicidad.

¿Fumó marihuana, consumió drogas? ¿Ningún amigo lo llevó por ese camino?

No, nunca. Además elegí muy bien mis amigos. Estoy especialmente orgulloso de la gente con la que me relacioné. Aún conservo a muchos de ellos.

¿Cómo vive Valdano hoy?

Tengo un trabajo muy exigente, que me pone en relación con todo lo que fui: con los periodistas, con los que he tenido siempre relación ?por haber sido víctima o por haber sido uno de ellos?, con los jugadores, entrenadores, directivos y aficionados. Tengo la sensación de haber dado una vuelta entera alrededor del fútbol y desde aquí entro en relación con todo. Esa es la parte bonita de mi trabajo. La parte negativa es que es muy absorbente, un trabajo de lunes a domingo. Fuera del mundo del fútbol me sigue gustando leer pero tiene que ser en momentos en que sea capaz de abstraerme y no tengo muchos, y me sigue gustando el cine. Ahí encuentro una desconexión inmediata; es lo que logra con más facilidad que me meta en otro mundo.

¿Hay tiempo para la música?

Soy muy de cantautor, muy de música suramericana. Para decirlo con nombres, soy muy de Serrat, de Sabina, Víctor Manuel, Ana Belén, Miguel Ríos, Luis Eduardo Aute, Mercedes Sosa, Alfredo Zitarrosa. Siempre me dio por ahí.

¿Qué lujos se da?

Ropa. Es terapéutico. Hay un momento en que me entra la neura consumista, me doy un paseo y generalmente compro ropa. Dudo mucho cuando voy a comprar algo excepto cuando se trata de ropa porque conozco mi estilo y ahí me siento cómodo.

¿Es consciente de que les resulta muy sexy a muchas mujeres aún hoy en día?

Pues eso ocurría hace un tiempo atrás pero ahora me da la sensación de que ya ?

Creo que sigue ocurriendo.

Pues eso es una buena noticia, ¡para que nos vamos a engañar!

¿Qué tipo de mujeres le gustan?

Me gustan las morenas. Y me gustan las caras de la gente. La cara de una mujer es algo que me parece importante para una relación. Eso no significa que ignore los culos, por ejemplo, pero me gustan las caras dentro de lo que son las prioridades. Me gustan las mujeres inquietas culturalmente pero tranquilas, que me transmitan serenidad por encima de todas las cosas. Y me gustan más cosas pero no queda bien decirlo.

¿Y analiza a la gente? ¿Cree en la energía que le puede transmitir una persona?

Sí, totalmente. A los tres segundos descubro si hay o no magnetismo. Pero yo tengo mucho sentido de la estética y, si soy sincero, no puedo prescindir de la belleza, tampoco en mis relaciones con las mujeres. O sea que eso de que la belleza me parezca algo secundario es mentira. No me parece secundario. Pero esas son las opiniones que queda mal decir. Lo digo pensando en esa especie de clasismo que uno tiene con respecto a las bellas.

¿Se considera un sibarita?

No, porque yo tengo un punto de ansiedad y el sibarita disfruta hasta del paso del tiempo. Hace falta un punto de relajación y una cierta facilidad para el abandono. Yo llevo un ritmo de vida y una personalidad tal que me hacen casi refractario al abandono. Y te lo cuento como un defecto.

O sea que no desconecta.

Me cuesta trabajo.

¿Cuál es su ideal de descanso?

Tiene que haber mar y sol. El sol me da energía y el mar me da paz. En esos momentos sí desconecto, sobre todo si es una temporada larga. Vengo de doce días de vacaciones y he aprovechado para leer varios libros: Los aires difíciles, de Almudena Grandes, que me pareció un gran libro; volví a leer El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald; El desorden de tu nombre, de Juan José Millás; y Las llamadas perdidas, los cuentos de Manuel Rivas. Para leer se necesita una continuidad en el tiempo de lectura, porque si abandonas una novela y cada tres noches le pegas una pequeña mirada pues al final la historia no es tuya, no estás dentro de la historia; en cambio en las vacaciones, en 4 ó 5 días ya descifras hasta tal punto a los personajes que te metes en el mar pero con ganas de salir para reencontrarte con ellos.

¿Qué le gusta comer?

Me gusta toda la comida vasca y la comida italiana.

¿Sabe cocinar?

No. Sabía cocinar cuando tenía 20 años o así. Cuando estuve en Vitoria me hice muy amigo de los dueños del que es quizás el mejor restaurante de la ciudad, Ikea. Me metí muchas veces en la cocina y me enseñaron a hacer algunas cosas y ahí me animaba a deshuesar pollos. Lo que pasa es que luego cuando entrabas a la cocina había un trozo de pollo pegado al techo o sea era un poco desordenado, pero puedo demostrar con testigos que el pollo terminaba sin hueso y seguía pareciendo un pollo, seguía teniendo la fisonomía de un pollo. También hacía pencas de acelga rellenas y platos de alguna sofisticación, pero mi relación con la cocina no duró más de seis meses.

¿Baila?

No. Me gustaba mucho antes de venir a España pero forma parte de mi timidez y ahora que me siento observado siempre que estoy en algún lugar, me incomoda bailar.

¿Qué lo pone de mal humor?

Que pierda el Madrid, y el conflicto de cualquier tipo con la gente que me interesa.

¿Qué es lo que más extraña de Argentina?

El fútbol. El fútbol argentino lo extraño mucho. La manera como el argentino se relaciona con el fútbol no se parece al modo en que ningún país se relaciona con el fútbol. Hay un número infinito de códigos que extraño. Creo que la pasión allí es mayor, el vínculo está relacionado con la tradición y con la infancia, con la rivalidad; el que juega bien tiene poder, el poder de la habilidad por encima de cualquier otro poder.

¿Saldrá Argentina de la difícil situación en la que está?

Es claro que necesita respiración asistida. Ha sufrido una crisis de confianza. El periódico Le Monde dijo hace poco que se trata del descarrilamiento más lento de la historia. Recuerdo a mi abuelo decir que trabajaba para dejarme un país para el futuro. Yo creo que un país se hace con un sistema de creencias. Tiene que haber una fe en un ser nacional que hoy no existe. Argentina además es un país sin cultura de pobreza. Por eso es tan dramático lo que está viviendo.

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