¡Viste!, ¿y quién fue el míster Peregrino Fernández? Bilardo se acomoda el mechón de pelo que por momentos le tapa las arrugas que atraviesan su frente, revisa las páginas de una memoria plagada de off–sides, goles de chilena y campeonatos mundiales, y repite: ¿quién fue el míster Peregrino?

Los 15 minutos de fama de Carlos Salvador Bilardo pasaron hace rato. Su minuto 16 hoy transcurre entre el periodismo, los tibios recuerdos de inolvidable goles y los viejos recortes de periódicos donde se exaltaba, en su momento, a uno de los mejores técnicos de fútbol del mundo; ése que llevó a la Selección argentina a ganar el Campeonato Mundial de México 86 de la mano de Maradona; ése que regresó a Buenos Aires con la copa dorada entre sus manos para envidia de sus enemigos; ése que hace un año dirigió la mal alimentada Selección de Libia y que ahora pregunta, sentado en una de las sillas del hotel Intercontinental de Cali, “viste, ¿y quién fue le míster Peregrino Fernández?”

No lo sabe. No tendría por qué saberlo.
Enfundado en una camiseta de manga corta, unos bluyines desteñidos y un par de mocasines, Bilardo es una máquina de datos, nombres, estrategias y recuerdos futbolísticos. Sabe de fútbol lo que sus pies le enseñaron cuando jugaba como mediocampista de Estudiantes de la Plata y lo que sus manos le dejaron luego de dirigir, y manotear, y aplaudir a los jugadores que lo tuvieron como técnico de primera línea durante más de diez años. Buena época.

Por eso, recita con dulzura el día en que ganó la Copa Intercontinental de Clubes después de enfrentar al indestructible Manchester United (1968). Por eso se recrea al recordar que tuvo bajo su mando la mejor selección que ha dado Argentina en todos los tiempos. Por eso se resbalan de su boca, lentos pero diáfanos, nombres como Valdano, Pasarella, Brown y compañía. Por eso, después de todo, su minuto 16 de fama lo mantiene tranquilo, pues la memoria se ha convertido en una especie de balón invisible siempre pegado a sus afectos.

Estamos en Cali. Doce y cuarenta y siete. Hace calor pero, por fortuna, no hay sofoco. Llegamos al hotel a las siete de la mañana con la esperanza de poder hablar con Bilardo. Con el Pibe Bilardo. Con el Pibe de ensueño. El lobby del Inter está casi vacío y algunas banderas adornan las cornisas del restaurante que da a la piscina. Pedimos un par de cervezas, bien frías, y montamos guardia como si fuéramos dos personajes hurtados de los libros de Conan Doyle. Cigarrillos en las manos, conversaciones que no van a ninguna parte, chistes cotidianos, una mujer —no gran cosa— que se sumerge en el agua, dos cervezas más, dos horas, tres horas, cuatro horas, otra cerveza más.

¿El antifútbol?
Hay personalidades que son como piedras: cerradas, frías y sin gracia. También las hay como la espuma de una buena cerveza: ascendentes, embriagadoras y perfectas. Y las hay, finalmente, como Bilardo: sencillas y corteses.

En una de mis manos, la portada del libro Memorias del Míster Peregrino Fernández —del escritor argentino Osvaldo Soriano— me recuerda que los técnicos de fútbol siempre disfrutarán, al menos una vez en sus vidas, de 15 minutos de fama. El míster los vivió cuando Soriano lo tomó como protagonista de su libro. Cuando lo convirtió en un personaje literario. Pero Bilardo es otra cosa. Primero, no es un personaje de ficción (como sí lo es el míster). Segundo, no come mediaslunas. Tercero, no ha sido propiamente un técnico que ame el fútbol espectáculo: “esto es un negocio y una prueba es que en Argentina sólo aparecen en las revistas equipos como el River o el Boca”. Los que producen dinero. Los que arrastran millonarios contratos de publicidad.

Doce y cincuenta y nueve. ¿Tiempo para otra cerveza? Quizá no. En el lobby los periodistas montan guardia. Por fin, después de seis horas, aparece Bilardo. Camina como turista. Firma un autógrafo. Mira a su alrededor, huyéndole a los saludos que nunca faltan, a las palmadas en la espalda que le dicen “campeón”, a las sonrisas que le regalan los fanáticos como si todos hubieran sido sus amigos.
—Venimos para entrevistarlo—, le decimos.
—Viste, estoy cansado, no tengo tiempo, ¿podés buscarme más tarde?—, responde.
—Sólo será media hora—, atacamos, como si quisiéramos driblar su negativa.
—Y bueno—, responde finalmente.

En la banca
“Un gol es lo más lindo que hay —asegura Bilardo—. Y no lo digo yo, lo decía un médico de Estudiantes de la Plata cuando estuve allá: el gol es como una eyaculación. Uno no sabe si es mejor gritarlo o estar con una chica”.Sabe de fútbol. Carlos Bilardo sabe tanto de fútbol que su recetario mental está compuesto de nombres que van y vienen sin problemas. “Los jugadores que siempre me gustaron fueron Di Stéfano, Maradona, Platini, Sócrates, Pelé y Baressi”.

—¿Maradona si fue medio equipo en el campeonato mundial de México 86?—, le pregunto.

—En ese momento la figura era Platini, que había salido campeón de Europa y campeón con la Juventus. Después de él venían Hugo Sánchez, Diego, Rumenigge y Zico. Diego tuvo la suerte de demostrar quién era.

—¿Qué piensa de Batistuta?
—Es un buen jugador. Es fuerte y potente.
—¿Y Rivaldo?
—Todavía no le han encontrado puesto. Unos vienen y lo ponen muy a la izquierda. Otros lo ubican atrás. Para mí es un jugador que puede jugar de tres cuartos de cancha para arriba. Es más punta que armador.
—¿Y de la brujita Verón?
—Es uno de los mejores jugadores de mundo. Comenzó como volante defensivo y después empezó a jugar muy libre en el medio. Le pega bien desde cualquier parte. A Verón no le importa contra quién esté jugando, si es contra un equipo de barrio o en una final de la Copa Mundo, siempre lo hace bien.
—¿Qué piensa del pitazo final?
—Me gustaría que un partido durara ocho horas. Sin embargo, veo que la gente muchas veces reclama para que un partido se termine cuanto antes. Yo pregunto: si el fútbol es un espectáculo, ¿para qué quiero que termine? Si yo voy a un concierto de Ricky Martin quiero que nunca se acabe. Así debería ser el fútbol.
Una y treinta de la tarde. Bilardo dice que tiene afán. Le pregunto, antes del pitazo final de esta entrevista, si conoce al míster Peregrino Fernández.
—¿Quién fue, dónde jugó?
—Es un personaje de ficción que siempre armaba el equipo con diez delanteros porque decía que el fútbol era un espectáculo y había que hacer goles.
—Ahhh…
Bilardo se levanta de la silla y antes de despedirse me dice que su campaña para la presidencia de Argentina va muy bien. Su partido de la Unidad va creciendo. Pienso que quiere meterse en problemas. Pero qué importa. Cuando uno ha sido campeón del mundo dirigiendo a un tipo como Diego Armando Maradona se puede dedicar a cualquier cosa. Incluso a querer ser presidente. Así de maravilloso es y será siempre el fútbol.

www.afa.org.ar
Página oficial de la Asociación de Fútbol Argentino. Aquí puede encontrar todo sobre los títulos, selecciones, historia y, algo muy especial, el hall de la fama de los jugadores que han hecho grande la camiseta albiceleste. ¡Dale loco!

www.estudiantesdelp.com.ar
El más famoso de los equipos argentinos de finales de los 60 y comienzos de los 70, el ‘Pincha’ —como lo conocen en Argentina— presenta este sitio para sus hinchas en el mundo entero. Historia, cómo hacerse socio y demás utilidades.

www.carlosbilardo.com
Esta es la página del médico, del futbolista, del técnico. Con información que ve desde el currículum vitae de Bilardo hasta la llegada de Verón y Riquelme al Boca, este site consigna la importancia de Carlos en el fútbol latino.

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