Debo confesar, soy susceptible a la propaganda, y aún más si esta es morbosa, por lo cual cedí ante la publicidad para estimular el consumo del pez globo, una verdadera exquisitez, la cual muestra similitud con la que tiene por objeto captar adeptos para un deporte extremo. La sensación de placer que se logra al segregar adrenalina por efecto de un temor que puede ser fatal.¶ Se promociona el consumo del pez globo, caracterizándolo así: vive en aguas salobres, es de tamaño pequeño (veinte centímetros), inteligente y cascarrabias, para defenderse de sus depredadores se infla como un balón y así evita, casi siempre, ser tragado, pero si es atrapado esta será la última cena del comensal, debido a que nuestro héroe tiene una toxina miles de veces más mortal que el cianuro (un miligramo de este veneno puede matar a una persona adulta; un solo pez tiene en sus vísceras suficiente veneno para matar a treinta personas). El riesgo de envenenamiento no se reduce cocinándolo, la toxina resiste el calor. Para tranquilizar a los comensales, se nos informa que desde 1958 su preparación, generalmente como lonjas de sashimi, está a cargo de cocineros licenciados y que si se intoxica un cliente están entrenados para prestarle los primeros auxilios, y si este se muere el cocinero pierde la licencia. La razón de esta regulación radica en los 176 muertos que se intoxicaron a lo largo del año 1958. Hoy se producen algunas muertes, especialmente por preparación casera.¶ Afortunadamente, la mayor parte del veneno se encuentra en las vísceras y los órganos genitales del pez globo, y a ningún restaurante japonés se le ocurriría ofrecer una versión del "caldo de ministro, o de criadillas" utilizando las análogas presas del pez globo.¶ Los músculos y la piel tienen trazas del veneno, lo cual le da ese gusto ligeramente picante, gustoso en las papilas gustativas y anestésico en los labios.¶ La primera vez que comí pez globo lo hice en Hiroshima, capital de la gastronomía marina japonesa, y llenó mis expectativas. Sin embargo, mi anfitrión, un japonés empleado en la más importante comercializadora del Oriente, me dijo que él prefería una preparación con un poco más de veneno, claro, sin correr riesgo excesivo, pues así se potencia el gusto; en la siguiente ocasión, acepté su sugerencia.¶ Afortunadamente, disfruto de casi todas las comidas, por exóticas que sean; y en una ocasión combinamos el pez globo, con un gusano de mar, el namako, de apariencia y gusto extraños, aún para algunos de mis anfitriones japoneses. Los novelistas japoneses narran que, en la época anterior al periodo Edo, a este cerebro con forma de gusano se le atribuían poderes curativos del alma y del cuerpo. Un excelente remate de la comida fue la degustación de un polvillo que se obtiene de la fritura a alta temperatura de una cobra, la cual se muele y se pasa con un sake fuerte.¶ Un consejo: para comer pez globo es mejor ir como invitado, para no caer en el abuso de confianza si se usan los viáticos, ídem, o ir preparando la tarjeta personal de crédito, el costo de un pez globo antes de prepararlo puede superar los 150 dólares.

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