OLOR: EL AJIACO SE COME FRÍO, así que no es sino rasgar el empaque para que comience a salir un olor fuerte, como de sobrados de comida. Textura: Arenosa, no muy agradable al ojo. El pan es liso y muy tieso. Sabor: El ajiaco sabe mucho a pollo. A pesar del aspecto, resulta reconfortante. El pan es dulce y muy seco; difícil de masticar. Al agua hay que echarle una pastilla purificadora y ahora sabe a agua de piscina: un poco rancia y agridulce. Con el polvo hidratante toma un sabor metálico, a jugo de naranja demasiado aguado, que lo que hace es resecar la garganta. Consecuencias gástricas: da muchas fuerzas, aunque deja una ligera sensación de "inflamación" en el estómago.

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