Como los hoteles, las aerolíneas y los restaurantes,
mis ganancias también aumentan con los puentes y las vacaciones. Durante esas fechas mis clientes no me dejan respirar. La urgencia por depilarse el bikini las enloquece. Voy a su casa con mis implementos, que se componen de lienzo, papel celofán y ceramiel de Belle France. Durante un tiempo utilicé la Gigi americana, pero era muy costosa. En temporada alta se me van fácilmente doce metros de lienzo y veinte tarros de cera. Imagínese la cantidad de mujeres que atiendo con eso. Por hacerse la cera en todo el cuerpo cobro $32.000, pero sin duda mi especialidad es el bikini. Por el bikini hilo dental cobro $6.000, y por quitar solo la parte de arriba, $5.000. Por quitar el vello del todo, $7.000. Las adolescentes son las que más me piden este servicio. Les gusta que no quede nada de nada, o de pronto un línea diminuta.
Reconozco que es un proceso un tris doloroso, sobre todo para las mujeres muy blancas. Es raro, pero sí existe esa diferencia con las más trigueñas. Pero no tan doloroso como para hacer lo que hacía una cliente que tuve, una niña del Cesa. Era muy divertido porque me confirmaba la hora de la cita para poder tomarse un dolex una hora antes. La idea era que no le doliera tanto. Ahí me di cuenta de que este es un buen oficio para medir el umbral del dolor de las mujeres. Ahora, con la llegada de la menstruación sí que duele.
Otras que piden rasurarse del todo son las modelos de ropa interior. Tengo un par de clientes que trabajan haciendo catálogos y antes de la depilación, la mánager me llama para darme indicaciones. Me las deja así o asá, me dice. Con ellas puedo demorarme de 45 minutos a una hora. Después de aplicarles la cera y terminar el proceso las remojo con agua de rosas mezclada con alcohol y les recomiendo un baño con agua fría para que los poros se cierren. Eso me lo comentó un médico amigo mío, un ginecólogo que a veces me remite clientas. También me explicó que si una niña empieza a hacerse la cera desde muy joven, a los 20 o 21 años ya casi no le sale vello o el vello es muy fino, como sucede con las mujeres embarazadas.
Lo bueno de este trabajo es que siempre hay movimiento y lo mejor es que tiene cierta regularidad. Es fijo que veinte días después de depilar a una cliente me vuelve a llamar al celular, afanadísima, con una frase como: "Yaneth, la necesito, pero ya. Armando me invitó a tierra caliente, a piscina, y no me puedo ir hecha un oso. Necesito que me ayude, tengo que estar bonita". Y ahí estoy yo, con mi lienzo y mi tarro de cera, preparada como un médico, un policía o un capellán para prestar un servicio de vida o muerte.

Nota del Editor: En vista de la cantidad de personas que han pedido número de contacto de Yaneth, y previa consulta con ella, se publica el número en cuestión: 310 253 41 82.

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