Mi peor canción

El Jerre Jerre
Yo tengo un armadillito
que en El Jobo me encontré
tan inocente como es
y me lo tienen mal visto.

La señora Rosa Antonia
dijo que lo iba a matá
porque se puso a escarbá
y sacó tres morrocoyas.

Coro:
El amigo Jerre
que nadie lo quiere
pobre animalito
lo tienen mal visto.

El primo Romancho tiene
cosas que me mortifican
dice que mi amigo Jerre
se le parece a Sabita.

Yo no creo que sea bonito
pero no es tan feo así
me lo vo'a llevá de aquí
porque lo tienen mal visto.

Coro:

Lo voy a volvé a llevá
donde mismo lo cogí
para que viva feliz
lejos de esta vecindá.


Los armadillos son animalitos que no pelean con nadie. Yo los quiero mucho. Descubrí que cuando se esponjan hay que meterles un dedo en el ano para que bajen las defensas. Un día, cuando me bañaba, vi un armadillito, lo cogí y me lo llevé en una jaula para loros. Llegó la vieja Rosa Antonia y me dijo: "Ese animalito es muy inquieto. Me tumbó la olla, le cayó sancocho y lo quemó". Como hay hombres con cara de caballo, de antílope, de cabra, el Romancho preguntó: "¿A quién se le parece?". "Al Sabita Torres", le dije y se me ocurrió componer la segunda versión del Jerre Jerre. Esa semana no se cantaba más nada. ¡Cómo son los pueblos de fregones! "Es igualito -decían-, como camina, como se mueve". Llegaron unos patriarcas a donde Sabita y uno dijo: "Es que este muchacho me compara con un perro rabioso, a Miguel Canales con un indio y a ti con un armadillo. ¿Te vas a quedar con esa? Demándalo para corregirle eso". Era un domingo de elecciones y abrieron la alcaldía especialmente para eso. Un pueblo novelero ¿no? Ahí le avisaron al alcalde y empezó la acusación: "...¡Y ahora compara a Sabitas con un armadillo!". "¿Eso es verdad lo que dicen?", preguntó el alcalde. "Vamos a traer el cuerpo del delito", dije. El armadillo estaba deforme pero vivo. Lo trajeron en su jaula y cuando el pueblo lo vio dijeron todos en coro cual tragedia griega: "¡Uhhhh! ¡Sí! Es igualito a Sabitas, verdaderamente". Me dio risa, pero alcancé a defenderme: "Yo aprecio mucho a don Sabas. Nunca dije que se parece, eso fue el primo Romancho". En la alcaldía, el acordeonero, frente al cuerpo del delito, tocó y yo canté la canción. La gente empezó a reírse y Sabas dijo: "Sinvergüenzas que son todos ustedes, empezando por el alcalde. Toditos son unos burlones". Y se paró y todos: "¡Huy!, si camina como un armadillo". Yo, mortificado, porque en buena vaina me habían metido. Al siguiente día, mi mamá se enteró y me dijo que teníamos que arreglar cuentas. Me cogió de la oreja, me regañó y me pidió que nunca más compusiera. Yo me cogí la nariz, me di un coscorrón y prometí no volver a componer. Al mes, Juana Arias se voló con un tipo de un camión y no aguanté la tentación de componer la Señora Patillalera. Así nacen estas canciones. Son crónicas con música de lo que pasa en los pueblos. Salen los versos como ovejas del corral. No me gusta clasificar mis canciones. Si me preguntan por la peor, digo que todas son iguales porque no las hago por dinero. Esta del Jerre Jerre no es la mejor, ni la peor, pero es la única que me ha causado mortificación pues atormenté a una familia sin querer y me gané el regaño de mi madre.

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