Darse un toque, un ‘plon’ o una fumadita de ‘bareta’, ‘ganya’ o ‘quenque’, más que un simple ‘solle’ es un ritual que comunica al instante, sensibiliza, genera camaradería, complicidad y afectos con quienes uno se reúne a darle una estimuladita al ‘coco’. Entonces ya imaginará usted lo que significa armarse un tabaco, un joint o un porro. En verdad es algo más que un acto mecánico o maloso; yo diría que es una vieja costumbre del hombre caribe. Imagínese a Bob Marley sin su ‘cachito’ en la mano…. Oye, cuando hizo un acuerdo con Michael Manley,
primer ministro de Jamaica, éste quedó enganchado por el humo aromático, emblemático y simbólico que salía de la boca de Marley y comprendió que fumar ‘bareta’ era parte del libre desarrollo de la personalidad.

Mucho se ha dicho sobre cómo armar un porro. Lo primero es el tipo de ‘bareta’ que vaya a usar. Definitivamente uno agradece que la vendan despepadita y que nuestro amigo, nuestra ‘llave’, arme el porro con más maestría que uno.

La verdad es que se sabe cuánto ha fumado alguien cuando se ve la calidad de la armada que hace.

Lo segundo es agradecer tener a disposición ‘punto rojo’, ‘cienaguera’ o ‘mango biche’, que es de páramo, concentradita, y si consigue ‘Santa Marta Golden’ está hecho, porque es cultivadita en la tierra, y la tierra es mágica. Acuérdese que la ‘Golden’ fue la que abrió el mercado gringo.

Lo tercero es la armada, que ya sea en solitario o en colectivo depende del tipo de tabaco que se quiera fumar. Hay varias opciones. El ‘criollo’ se hace con ‘cafuche’ y ‘picapulmón’, es decir, marihuana de la mala y papel de envolver. A veces no hay otra opción que fumar de éste, pero uno hace todo lo posible para evitarlo. Está el ‘dulce’, que se hace con ‘ganya’ y papel de chocolatina Jet. El ‘europeo’ nace de mezclar un buen ‘quenque’ con picadura de tabaco deliciosamente aromatizado. Este es el que menos traba (a mí es el que más me gusta). Otra muy buena opción es el ‘fino’, que se hace con papel de arroz y ‘punto rojo’, ‘mango biche’ o ‘Golden’, que son las mejores. El ‘revolucionario’ se hace con hojas del libro rojo de Mao y lo que se tenga a mano. El ‘religioso’ se prepara con papel de Biblia y una buena ‘mona’. Por último, los gringos, siempre tan extremadamente prácticos, van directo a la pipa. Esa es una buena opción, sobre todo cuando no hay un papel a la mano. Ah, advierto que nunca he podido envenenar a una mujer. Parece que a todas les encanta, de pronto por eso se llama Mari Juana. Pero eso sí ni se le ocurra pedirles que armen un joint: todas son un desastre.

En fin, lo más importante de todo al armar un porro es tener ganas y, una vez listo, gozárselo. A fin de cuentas, la marihuana es una de las tantas planticas que ha acompañado históricamente a las ‘burras’ y ‘burros’ del mundo entero. De ahí el dicho ese de que “los burros se buscan para rascarse”.

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