Una década con carros pero sin mucho pavimento
Foto: Los años veinte en Colombia



Así nos gustaban: lanzadas y mostrando tobillo
Foto: Los años veinte en Colombia



El Gun Club, epicentro de la rumba bogotana
Foto: Gun Club


Sitio: Gun Club. Carro: Dodge Brothers. Vicio: la chicha. Sex symbol: Elvira Zea Hernández, Elena Ospina Vásquez. Moda: sombrero Grogren y corbatín.
Las modas norteamericanas, que exaltaban a una mujer liberada que fumaba y exhibía su cuerpo en público, terminaron por descomponer la moral pacata y recatada de los bultosos trajes de antaño. En lo musical, el fox-trot, el rag-time y el tango sustituyeron a los bailes europeos (valses, polkas y mazurcas) que entretenían a Bolívar y a los próceres. En el clima de estos nuevos ritmos aparecieron las excentricidades de la moda gansteril, con la que surgió en las mujeres el estilo talego, el pelo a la garçon y la falda que subía atrevidamente hasta quedar tapando a duras penas las rodillas. El maquillaje ocular, a cuya actualidad contribuyeron los filmes de Hollywood, estaba en boga.

Los años veinte significaron un viraje inobjetable para el país y, para Bogotá, la primera experiencia urbana de veras, con todo y sus euforias, sus rebeldías, sus desarrollos explosivos y sus crisis. El avión, el automóvil, el cine más generalizado y, al final de la década, la radio (la primera transmisión radial en Colombia se hizo el 10 de junio de 1925), necesariamente conformaron en el paisano de otros días una visión del mundo que contrastaba con el ambiente rural. En estos años veinte del nuevo siglo ocurrieron los primeros accidentes mortales de tránsito automotor (1923), las primeras reglamentaciones del tráfico (1925) y la primera policía de esta rama (1927).

La ciudad se urbanizó. La actividad constructiva (de edificios públicos, bancos, grandes edificios de oficinas y comerciales, de vivienda rica y pobre) hizo explosión. Nacieron los primeros edificios de más de tres pisos. Las ciudades salieron de su ambiente colonial.

¿Y cómo se divertía la gente? La gimnasia y el fútbol ocuparon rápidamente el sitio de los juegos británicos. Durante los veinte, los partidos entre el San Bartolomé, La Salle y la Escuela Militar pusieron la semilla del fútbol como deporte popular. Esta época se caracterizó también por los ecos de la lucha antialcohólica en Inglaterra y Estados Unidos, que repercutió, a partir de 1925, en el cierre de los expendios de chicha y el clamor multitudinario por controlar el vicio del alcoholismo que estaba 'embruteciendo' a la población.

La ley 33 de 1925 estableció la Fiesta del Estudiante. Los carnavales y los reinados estudiantiles eran certámenes casi nacionales. Estos últimos, como todo lo que pasaba en la época, se politizaron. En 1924 fue elegida una liberal, Elvira Zea Hernández, que se impuso en el concurso con la hija del propio presidente conservador Pedro Nel Ospina, doña Elena Ospina Vásquez. Los treinta, y su tímido despertar sexual, estaban a la vuelta de la esquina.

(Con información tomada de los libros La mentalidad del colombiano y Los años veinte en Colombia, de Carlos Uribe Celis)

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