Al comienzo de mi carrera asistían muchos hombres a mis presentaciones, ya que desde entonces mis chistes tenían fama de ser verdes. Luego, por pura curiosidad -es que nosotras somos muy curiosas- comenzaron a ir mujeres. Pero es que muchas de ellas tienen la cabeza solo para peinarse y no entienden mis chistes, así que yo los echo y ellas no se ríen. Hay varias que después de las presentaciones se me acercan a que se los explique. Este es el que más veces he tenido que explicar, el más "malo":
Un cura joven decidió ponerse a confesar con calculadora en mano. Se instaló en el confesionario, y al llegar la primera mujer, esta le dijo:
-Me acuso, padre, de que mi novio me besa y me abraza.
El padre comenzó a hacer cuentas en la calculadora y respondió:
-Rece cinco Padrenuestros y dos Salves.
Más tarde llegó la segunda a confesarse.
-Padre, mi novio me toca los teteros.
-A ver, respondió el cura mientras hacía cuentas en la calculadora. Tocada de teteros: cinco misas y dos limosnas.
La tercera llegó con un caso más grave:
-¡Ay padre! Tengo 18 años y mi novio me toca el pingüiñoño.
Con cara de asombro, el cura comenzó hacer cuentas y dio su veredicto:
-Tocada de pingüiñoño equivale a cinco misas y veinte rosarios.
Por último llegó una joven medio apenada y dijo:
-Me acuso padre de que mi novio me mete la puntica.
Ahí arrancó el cura a hacer cuentas con la calculadora, pero nada que le daba, hasta que desesperado le dijo a la joven:
-Vea. Vaya y dígale a su novio que se la meta toda, porque esta vaina no saca decimales.

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