Hay comerciales brillantes, los hay del montón, que cumplen su cometido a punta de pauta, y los hay sencillamente malos, que no cumplen ni dejan una sonrisa o una lágrima. Pero, para mí, la categoría de "peor" está hecha de otro nivel de comerciales, esos que rayan el cielo de lo perverso, como aquel clásico "Si estás muy loco, bebe tequila Cuervo".
En esa línea, mi peor comercial fue uno muy exitoso que hice activando el lado sadomasoquista de la patria joven, que se relamió observando el dolor ajeno, mientras corría a sintonizar con quién firmaba el mensaje.
Fue un comercial para el lanzamiento de la cadena radial La Mega, de RCN. Una chica y un chico apasionados se daban violentas cachetadas en una especie de danza, al servicio de un locutor que al final proponía: "Todo lo contrario. Nuevos tiempos, nueva radio".
Como decían las señoras que se quejaron, de a una o en grupo firmando como una asociación, para obligar a retirar el mensaje del aire, "no es necesario hacer cosas tan horribles para que los chicos escuchen radio".
Pero la respuesta mostró que los chicos necesitaban un estímulo así, horrible. Y supongo que lo siguieron necesitando porque, de diferentes maneras, aquel comienzo marcó en mucho el lenguaje que fue el éxito de La Mega a través de varios años.

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