Este quiosco es una de las estructuras en guadua más pequeñas que he construido. Se hizo con los mejores y más experimentados artesanos, usamos las mejores guaduas del eje cafetero y supervisé la obra, como de costumbre, revisando todos los detalles. Tres meses después de terminada esta estructura, cinco de mis obreros estaban en las labores de aseo y pintura en su interior para la entrega definitiva. Hacia las diez de la mañana pasó una moto haciendo tilín, tilín. Todos los hombres salieron a comprar las empanadas de rutina. De regreso al trabajo, faltando como diez metros para llegar, un estallido repentino con una ráfaga de viento y polvo los dejó petrificados del susto. Acababa de colapsar un techo de cien metros cuadrados y veinte toneladas de peso literalmente al frente de sus narices La causa: falla por tracción. Olvidé colocar un herraje fundamental en la estructura, encargado de asumir tal esfuerzo. Gracias a dios o al diablo no maté a nadie. Me pasó lo mismo que al piloto que aterrizando se le olvidó sacar el tren de aterrizaje. Moraleja: copiloto ingeniero.

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