En 1966 escribí el poema "La Pitonisa", que fue publicado con algún despliegue por Jaime Jaramillo Escobar en la revista Nadaísmo. Decía así: Al yo nacer, la Pitonisa,
Prevalida de no se sabe qué dotes,
Dijo a mi madre que escogiera entre estos dos privilegios:
Que al yo cumplir los 25 años recibiera un millón de dólares
O fuera el mejor poeta del mundo.
Y la bruta escogió que fuera el mejor poeta del mundo.

Puedo considerarlo mi peor poema por las siguientes razones:
Por el irrespeto a la madre, pues -según la severa reprimenda paterna-, aun habiéndose equivocado en la decisión, por privarnos de los morlacos, habría dado muestras de su inteligencia, sensibilidad y desprendimiento al cohonestar las pretensiones literarias del primogénito.
Por cantarme a mí mismo, cosa que solo hacen los poetas narcisistas o los que no pudieron salir de Walt Whitman.
Por creer todavía en cuentos de hadas y en los poderes de las brujas, pitonisas, encantadoras y zahoríes, con las que después estaría obligado a convivir largos años.
Y, sobre todo, por mi temprana arrogancia al usurpar el puesto de otros mejores poetas del mundo, que tan solo en Colombia son: Mario Rivero, Giovanni Quessep, Harold Alvarado Tenorio, Piedad Bonnett, Fernando Denis, Raúl Henao y Juan Manuel Roca.

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