Mi primera pelea fue por allá en el 74, contra un pelado del barrio al que le decían 'El Panadero'.
Estábamos en Montería, en la calle 22 con carrera 8, jugando fútbol en la calle y, después de que yo hice un gol, a 'El Panadero' le entró rabia y empezó a darme pata hasta que yo me emberraqué y, luego de discutir, empezamos a darnos puños. Él tenía ventaja porque era mayor que yo, tendría unos quince años mientras yo sólo doce. La pelea duró como media hora y fue difícil porque éramos un par de gallitos y nos dimos muy duro, pero al final yo gané porque él salió a correr. Le hinché toda la cara, pero a mí me quedaron los brazos llenos de chibolos y morados.
A mí hasta ese día no se me había pasado por la cabeza volverme boxeador, pero el gimnasio de la familia López Castelar quedaba en la calle 22 con carrera 9, a media cuadra de donde yo estaba peleando con 'El Panadero', y unos amigos que practicaban boxeo en ese gimnasio se dieron cuenta de mis aptitudes y me dijeron que tenía futuro boxeando, que era guapo, tenía reflejos y buena pegada.
Ese día también me vieron pelear Luis Jerónimo Berrocal y Prisco Cabrales, que eran personas importantes de allá, y quedaron impresionados con mi rapidez de manos.
Como a los seis meses, gracias a esa pelea, empecé a entrenar. Mi primer contrincante y yo, hoy día, somos amigos. Ahora él trabaja en una ferretería y de vez en cuando yo paso por ahí a conversar. En son de paz.

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