¿Votaría Usted por un político distinto, realmente innovador, pero que al mismo tiempo pudiera recibir el apoyo del Partido Conservador? ¿Le gustaría, además, que hablara un inglés perfecto y tuviera una maestría importante (en Chicago, digamos) y en una profesión seria (ingeniería, si se pone tan exigente)? ¿Consideraría un buen indicio que el serísimo Fernando Londoño le sonsacara el segundo a bordo a este candidato para convertirlo en su mano derecha en el Ministerio del Interior? ¿Le daría puntos haber sido el gran elector de Enrique Peñalosa como alcalde de Bogotá? Si su respuesta a todas estas preguntas, o a la mayoría de ellas, es positiva, Usted debería votar por Carlos Moreno de Caro. O acaso ya lo hizo, pues el sui generis senador barranquillero cumple al pie de la letra con esta lista de exigentes requisitos. Lo cual, seamos francos, habla mal de Usted, porque no es lógico que un lector de SoHo (solo hombres de estrato 7 para arriba) vote por Carlos Moreno de Caro (ídolo de hombres, mujeres, ratones, chulos y cualquier otra cosa, siempre y cuando se localice en los sectores menos 2, menos 1 y uno que otro del cero). Tranquilo, vamos por partes: el asunto no es tan grave. Antes de jalarle a la fácil tarea de defender a Moreno de Caro me empapé sobre su extensa hoja de vida, su conocida trayectoria y su sonoro papel como concejal, candidato y senador. Porque el hombre, digan lo que digan, no ha pasado desapercibido por la vida pública. Hablé con amigos comunes (¡los hay!) y una fuente de todo crédito me aseguró que "no es un loco, sino se hace". Lo que pasa, me dicen, es que tiene una estrategia muy racional para llegarle al pueblo, a los ignorantes y a los fáciles de convencer porque carecen de criterio propio. Es verdad: los lectores de SoHo no somos de estratos bajos ni iletrados. Nos encanta el 'raspe y raspe', y otras sofisticaciones propias de las élites. De pronto Usted leyó muy rápido el primer párrafo y por eso respondió a todo que sí. (Reléalo despacio, no hay problema). Pero la verdad es que yo creo que hay razones de fondo para apoyar una candidatura presidencial de Carlos Moreno de Caro: si por votar contra él los bogotanos eligieron a Peñalosa como alcalde, ¿qué más podríamos pedir los partidarios de este último que una nueva competencia con el moreno, pero esta vez por el premio mayor? ¡Moreno, candidato 2006! Volvamos al comienzo y seamos sinceros: ¿releyó el primer párrafo y volvió a contestarse, en su fuero muy interno, que sí? Don't worry (a los hombres de SoHo nos gusta el inglés): Carlos Moreno de Caro ha tenido razón en muchas de sus denuncias, aunque se le haya ido la mano un poquitico en sus métodos de comunicación. Tenía razón cuando llegó al senado con gatos para combatir a las ratas (¿cómo no va a haber ratones en un edifico húmedo y viejo, en pleno centro de Bogotá?). Y también cuando se cortó la corbata para pronunciarse a favor de su erradicación de las nóminas oficiales (¿no serían más cómodos ?y fructíferos? los eternos debates, si los padres de la patria se quitaran la corbata?). Por lo menos sería más justo: ¿o acaso Usted, cuando los ve por Señal Colombia cómodamente en su casa, no se ha quitado previamente la suya? A mí Carlos Moreno de Caro terminó de convencerme con su última gracia: copió los estatutos de su movimiento político (el cual había perdido la personería jurídica por un injusto fallo del Consejo Nacional Electoral dizque porque no cumplía los requisitos para ser un partido) y fundó otro igual. Mejor dicho: dos más, con el objeto de tener más espacios en televisión y así poder difundir más ampliamente sus verdades. Un sesgado titular de mis colegas de la sección política de El Tiempo catalogó el hecho como 'una clonación'. Pero, ¿acaso no pasó a la historia Ian Wilmut, el mundialmente famoso clonador de la ovejita Dolly? Naturalmente no estoy de acuerdo con todo lo que ha hecho el moreno, y algunos hechos de su vida ?tengo que confesarlo? me generan dudas. Una de las fuentes consultadas me contó, por ejemplo, que durante los años de estudiante en Chicago, a Carlos Moreno lo llamaban 'Charlie Brown'. Y eso sí, por más que a los lectores de SoHo nos guste el inglés, me parece poco serio.

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