La alimentación balanceada de aves zancudas en cautiverio, la prevención del cáncer de epiglotis, la paz, el hambre en Surinam, la sed en Malasia, la niñez sin televisor, los enanos guatemaltecos, la protección ambiental, el estreñimiento... no hay motivo que escape a un concierto de los Tres Tenores. ¿Tenemos que seguir soportándolos? Aparte, cada año prometen que se van a retirar y nada, vuelve y juega: una y otra vez Pavarotti con su pinta de agricultor recién almorzado, Plácido Domingo con la jeta de paisa borracho y José Carreras con ese eterno rictus de enfermo terminal. Ya no más, por favor.

Puedo perdonarles que hayan empezado a utilizar amplificación de sonido; puedo perdonarles que canten El Brindis de Verdi entre los tres; puedo incluso perdonarle a Plácido Domingo que haya salido con permanente y embetunado en el Otello de Zeffirelli. Pero que saquen un disco de villancicos es algo que no puedo tolerar, que canten Brasil, Caminito y Singing in the rain es demasiado. Con qué desparpajo han abandonado el bel canto, su especialidad, y se han dedicado a cantar guarachas, rancheras y boleros. ¿Se puede ser más vendido, más ofrecido, más regalado? Sí, sí, señores, es posible si vemos su trayectoria por separado: Plácido ha ganado nada menos que ocho Grammy, tiene un disco de tributo a Agustín Lara y ha grabado con figuras de calaña tan deplorable como Michael Bolton y Alejandro Fernández; Carreras, por su parte, se unió con Plácido y Natalie Cole en otro esperpento navideño; pero el campeón del perrateo es definitivamente Pavarotti: ha cantado con Bryan Adams, Eros Ramazzotti, Bon Jovi y, colmo de los colmos, ¡las Spice Girls! Como van las cosas, pronto veremos a Pavarotti vociferando al lado de Marbelle o Diomedes Díaz.

Ni Richard Clayderman, ni Ray Conniff, ni Borelli- predecesores en la bastardización musical de los clásicos- eran tan alevosos como Luciano Pavarotti, José Carreras y Plácido Domingo.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.