"¡Padres e hijos es lo peor de la tevé colombiana!", se afirma en la radio y los cafés de jóvenes "con deseos de progresar". La contradicción colombiana

es que aunque se dice que Padres e hijos es lo peor, se le ve masivamente.

Padres e hijos es considerado por muchos como lo peor de la 'pantalla colombiana' por la falta de coherencia de los personajes, el rebusque de historias, sus actores sin talento ni belleza y el irrespeto al televidente. Padres e hijos es un dramatizado donde las situaciones no tienen lógica, ni intención, ni justificación; aunque a la familia Franco le sigue pasando de todo, nunca le pasa nada, todo da igual. Lo peor es que los personajes no tienen ninguna coherencia, viven sin motivos y abusan de su destino haciendo tonterías no justificadas. Lo peor es el desfile exorbitante de guabalosas e ineptas que "desean progresar solo por salir en la tele" con sus actuaciones equivocadas y obvias. Lo peor es Danielita con su insoportable falta de estilo y ángel. Lo peor es la dirección de actores, que no existe, y la realización visual que imita la torpeza del video casero. Lo peor son los diálogos que reproducen no más de cien palabras, no intentan los matices, ni transmiten emoción. Lo peor es el diseño de arte ya que se juntan objetos, locaciones y vestuarios sin ninguna intención narrativa. Lo peor son las continuas caídas de los actores que no se regraban y las fallas de continuidad. Lo peor son las historias, creadas por un genio de una lámpara perversa, incoherente, inverosímil. Por todas estas razones Padres e hijos es considerado, televisivamente hablando, lo peor.

Padres e hijos es lo peor porque somos de lo peor. Más de un millón de televidentes diarios, más del 50 por ciento del total de televidentes de las dos de la tarde, diez años de éxito. Una institución nacional. ¿Por qué masivamente se ve Padres e hijos? Se le disfruta porque permite a los colombianos sentirse mejores seres humanos que Danielita, más interesantes que la familia Franco y muy inteligentes porque con facilidad se pueden detectar los errores de actuación, lenguaje, y continuidad. Padres e hijos se ve porque representa a una familia colombiana promedio: una manada de feítos agraciados, que no hacen nada y creen que todo les va a salir bien por pura energía nueva era; unos hijos fracasados buenos para nada que siguen dependiendo de sus padres; unos amigos/novios/esposos que todo lo que hacen lo hacen de manera equivocada; una familia llena de líos, embarazos, drogas, brujerías, brutos para el estudio, jóvenes y adultos cuyo objetivo de vida es buscar a quién acostar. Padres e hijos se ve porque se convirtió en parte del almuerzo colombiano, una tradición como los jugos de guayaba con tomate de árbol y zanahoria de la mamá. Se le ve porque todo colombiano lleva una familia Franco en el corazón; somos como ella. Al igual que los Franco, nos creemos los más divinos cuando somos feítos, buscamos la sobreactuación para no pasar inadvertidos, siempre amamos al ser equivocado, somos capaces de permanecer en el error para no perder el orgullo y vivimos amargados por tonterías. Los colombianos nos vemos en la familia Franco.

Ver y odiar masivamente Padres e hijos es catártico para este país, ya que al vociferar cada tarde contra la familia Franco estamos exorcizando nuestros miedos y defectos. En ellos encontramos una salvación para nuestra mediocridad. Padres e hijos puede ser lo peor como televisión pero es lo mejor como espejo de la colombianidad, ya que no es aburrido y expone las peores pesadillas colombianas: el odio, la envidia y el fracaso. Al ver Padres e hijos somos televidentes de nuestras propias miserias. Por eso, porque parte de la idiosincrasia colombiana consiste en no querer que le digan a uno las cosas en la cara, ¡no más Padres e hijos!

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