El mundo sería un mejor lugar sin las mil y una excusas a las que, para filmar escenas de sexo, recurren las películas porno: ¿un par de extraterrestres descienden en su nave a la tierra y, para garantizar su descendencia y aprender "las delicias del cuerpo terrícola", secuestran a dos voluptuosas profesionales del striptease?, ¿un profesor de Oxford, expedicionario empedernido, encuentra en el sótano de una pirámide un curioso ídolo precolombino que convierte a quien lo posea -y mejor a él, que viaja con tres secretarias bilingües- en un vergonzoso amante latino?, ¿una profesora de gafas se convierte, frente a sus quince alumnos, en una ninfomaníaca sin nada debajo de la bata? No quiero decir que esté mal que haya películas equis. Digo que no es necesario que partan de guiones. ¿Para qué?, ¿para tener algo que comentar con los demás?, ¿acaso no está claro que no se debe -no, nunca jamás- ver cine pornográfico con un acompañante porque nada será igual después de esa velada?

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