Y es que un buen tinte de pelo hace milagros. Tal vez porque los caballeros las prefieren rubias, las playmates más populares de la revista han sido casi todas rubias explosivas, ya sean naturales o teñidas. Marilyn Monroe (enero 1953), Jayne Mansfield (febrero 1955), Stella Stevens (enero 1960), Pamela Anderson (febrero 1990) o Anna Nicole Smith (mayo 1992) son una buena prueba de que el rubio platino siempre estará de moda. De Playboy aprendí que los varones heterosexuales norteamericanos tienen una inquietante obsesión erótica con los grandes perímetros pectorales.
De Playboy aprendí que posar en una revista erótica sirve para debutar en el más ínfimo cine de serie B. Entre las playmates que han trabajado como reclamo erótico en comedias universitarias o películas de acción y terror figuran Eve Meyer (junio 1955), Connie Mason (junio 1963), Claudia Jennings (noviembre 1969), Dorothy Stratten (agosto 1979), Shanon Tweed (noviembre 1981), Donna Speir (marzo 1984) o Roberta Vásquez (noviembre 1984). Ninguna ganó un Óscar, pero todas perdieron la ropa mientras actuaban. Desgraciadamente, también aprendí que las chicas de Hugh Hefner son más recatadas de lo que parecen, puesto que Teri Weigel (abril 1986) ha sido la única que se ha animado a trabajar en el porno. A sus 43 años, aún sigue en activo.
De Playboy aprendí que las mujeres de color tienen poco éxito entre los lectores de la publicación, puesto que la media de sus apariciones en las páginas centrales es de una cada dos años. Las más recordadas tal vez sean Renee Tenison (noviembre 1989), por haber sido la única afroamericana elegida playmate del año, y Ola Ray (junio 1980), que era la novia de Michael Jackson en el video de Thriller. Tampoco las hispanas y las asiáticas han gozado del favor de la revista.
De Playboy aprendí que el vello púbico fue tabú durante décadas. La revista tardó casi veinte años en enseñar los primeros pelitos de un escarpado monte de Venus. Eran muy rubios y pertenecían a la playmate nórdica Liv Lindeland (enero 1971).
De Playboy aprendí que el arte pop es muy decorativo, puesto que en sus páginas han colaborado pintores como Andy Warhol, James Rosenquist, Larry Rivers o George Segal. También aprendí que la literatura norteamericana contemporánea tiene autores tan excelsos como Arthur C. Clarke, Tenessee Williams, Jack Kerouac, Vladimir Nabokov o James Baldwin. Todos ellos colaboradores de Playboy.
De Playboy aprendí que Hefner es como Dios Todopoderoso. Al fin y al cabo, ambos son judíos, han tenido éxito en la vida y han conseguido crear algo de la nada. Pero si Dios creó el mundo en seis días, Hefner no parece haber trabajado nunca, puesto que se ha pasado media vida en pijama, fumando pipa y bebiendo Pepsi, y la otra media en la gratificante compañía de sus múltiples amantes. Porque si Dios es omnipotente, Hefner también lo sigue siendo, con casi 80 años, gracias a los efectos del viagra. Hace un par de años, el veterano editor aseguraba mantener contactos sexuales rutinarios con siete rubias siliconadas procedentes de las páginas centrales de su revista. Por eso, del fundador de Playboy aprendí que no es tan censurable confundir ocio y trabajo.

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