Dicen mis críticos que soy populista, lo cual me honra y enorgullece, porque para mí populista quiere decir pueblo. Es más, me precio de ser el populista número uno del país, y no me dejo quitar el título. Si bien vivo en el exclusivo barrio estrato seis de La Cabrera, en Bogotá, para tener bien chequeados a los ricos, duermo con la cama mirando hacia el sur, donde viven mis patilimpios y descamisados.
Otra cosa es cuando me dicen demagogo. Ahí sí que les miento la madre, porque demagogo es alguien que engaña e incumple. ¿Moreno de Caro demagogo? He sido el senador más activo y productivo. Son innumerables los proyectos de ley que he presentado y los debates que he realizado, entre otros: ley de subsidio al desempleo, ley de pago de servicios públicos por el consumo (celulares por segundos, basura por peso real), ley de eliminación del impuesto del tres por ciento a las remesas que envían los colombianos del exterior, ley de control al transplante de órganos, ley de implementación de sistemas de calidad y certificación ISO 9000 en las empresas del Estado, ley de los ojos morados (cárcel para los hombres "guaches" que les pegan a las mujeres, niños y viejitos), cirugías plásticas y reconstrucción facial gratuitas en el Plan Obligatorio de Salud para personas humildes con labio leporino y paladar hendido y reducción gratuita del tamaño de los senos cuando se afecte la salud. También fui coautor de la ley de justicia y paz para las autodefensas y autor de la rebaja de penas del diez por ciento para los presos humildes. ¡Carajo!, ¿quieren más?
También les he cantado la tabla en el Congreso a los corruptos. ¡Carajo!, ¿quieren más? He defendido a mi presidente Uribe de las alacranas y alacranes del Senado, entre otros, de Piedad Córdoba y Édgar Artunalga.
Si alguno de ustedes, queridos lectores, me menciona un solo senador que haya sacado más leyes que yo, y que haya realizado más debates, renuncio inmediatamente al Senado. Lo que pasa es que a mis detractores no les gusta que el Moreno juegue. Les voy a dar un consejito cariñoso a los que no gustan del Moreno: dejen de joderme tanto la vida, porque hay Moreno de Caro para largo rato y, si no lo sabían, la próxima estación es la Alcaldía de Bogotá y la siguiente la Presidencia de la República. Si lo anterior no es suficiente para que me dejen tranquilo, les cuento que ya estoy entrenando a mi hijo Carlos Andrés, que hoy tiene 15 años, para ser alcalde de Bogotá. Mejor dicho, hay Moreno y Morenito para largo rato.
La élite bogotana ha sido injusta conmigo. Primero se inventaron el cuento de que yo me robaba las tapas de alcantarilla del norte para colocarlas en el sur; después, que el agua que les repartía gratuitamente en carrotanques a los pobres del sur era envenenada; después, dizque me cerraron la Universidad del Trabajo porque tenía carreras piratas, cuando todas estaban aprobadas por el Icfes; después, que yo rehabilitaba a los indigentes del Cartucho para que me ayudaran a robar las tapas de alcantarilla, y que les daba universidad gratuita a las trabajadoras sexuales pobres para que salieran conmigo. La élite ha sido una mierda conmigo, pero Dios se las cobrará. Se irán toditos para el infierno por no querer dejar jugar al Moreno.
Mis enemigos, que nunca duermen, dicen que mis campañas políticas las financio con regalos de los esmeralderos, desconociendo que gracias a Dios he sido un profesional muy exitoso. ¡Carajo, yo con mi plata hago lo que me venga en gana!, desde adquirir tapas de alcantarilla para que no se maten los bogotanos, incluida la élite, hasta comprarles todas la cucas a los negros de los semáforos.
Hace cuatro años, cuando yo estaba muy involucrado en el proceso de paz con las Farc y hablaba frecuentemente con Marulanda y Jojoy, decían que era guerrillero, y ahora, cuando he ayudado a hacer la paz con las autodefensas, dicen que soy "para". ¡Es que todo lo del pueblo es robado!
Pero estoy fresco, muy tranquilo, porque las ratas de una u otra pelambre jamás podrán con el Moreno. ¿Saben por qué? Porque duermo con la Biblia abierta en el salmo 91, como me lo enseñó mi abuelita ("El que habita al abrigo del altísimo morará bajo la sombra del omnipotente"), porque me encomiendo a Dios con el salmo 23: "Jehová es mi Pastor y nada me faltará" y porque si Dios libró a Daniel del foso de los leones, también me librará a mí de las guaridas de las ratas.

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