Tengo tres razones para no ponerme un traje real de fantasía. La primera, porque no tengo alma de percha. No me gusta que me cuelguen lentejuelas, acetatos, plumas, metalizados, semillas, paja, ni hojas, por hablar tan solo de algunos de los materiales más usados en estos trajes de fantasía.
La segunda razón es más de género: encuentro que nuestras reinas han terminado pareciéndose a Laisa Reyes, el travesti que ha conquistado a los colombianos en la telenovela de los Reyes del Canal RCN. Por Laisa no me preocupo, porque la estética le sienta bien. Pero las reinas se ven impostadas.
Por si fuere necesario, aclaro que yo no tengo nada contra los travestis. Ni contra los gays. Muy por el contrario. Estoy a favor de que se casen, de que tengan hijos y de que se les reconozcan los mismos derechos que tenemos los heterosexuales. Reconozco, además, en Alfredo Barraza el diseñador por excelencia de trajes de fantasía de Cartagena y del Carnaval de Barranquilla, y admiro su dedicación y creatividad en estos últimos 22 años en que se ha convertido en el maestro de maestros. He llegado a comprender, incluso, cómo detrás de estos trajes existen una cantidad de manos que los han zurcido -se necesitan de dos a tres personas por traje y de ocho a quince días para su confección- y a que son cada vez más las bocas que se alimentan de esta naciente industria.
Pero, a pesar de todo lo anterior, también creo que de un tiempo para acá, los manejadores de las reinas, los peluqueros y los diseñadores, han ido creando una estética "real" muy poco femenina. Se les ve demasiado maquilladas, con las candongas demasiado grandes, con los zapatos demasiado altos y con los senos demasiado perfectos, como si todas hubieran dejado en las salas de cirugía la espontaneidad y la frescura propia de su juventud. Ojalá las aguas vuelvan a su cauce y volvamos a ver reinas con cara y movimientos de mujer.
La tercera razón es más intelectual: creo que a los reinados hay que reducirlos a sus justas proporciones, como diría un reencauchado ex mandatario. Si el ex presidente Julio César Turbay Ayala creía que podía reducir en su gobierno la corrupción a sus justas proporciones, no entiendo por qué no se puede aplicar la misma máxima a los reinados.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.