El mismo día que asesinaron a Galán gané mi primera etapa en Europa. Yo corría junto a otros colombianos en el equipo Pony Malta-Avianca. Llevábamos seis días de competencia, aún no lográbamos llegar de primeros a la meta y era la penúltima etapa de la famosa Guillermo Tell, que se corre todos los años en Suiza. Mi compañero de equipo Miguel Sanabria y yo íbamos en el grupo de punta, pero al llegar a una dura escalada logré escaparme en solitario, mientras él controlaba a mis rivales en el grupo persecutor. Llegué a la meta un minuto y 17 segundos antes que el segundo y me gané la etapa a eso de las dos de la tarde de Europa, diez de la mañana hora colombiana. Estaba muy contento porque había trabajado muy duro por ello y ahora me iban a dar mucho despliegue.

Me entrevistaron algunos periodistas europeos con ayuda de un traductor y, por Colombia, Rubén Darío Ardila, que estaba transmitiendo la vuelta para RCN y que se alojaba con nosotros. Luego, nos fuimos al hotel a recibir un masaje, a comer y a recuperarnos porque al otro día teníamos otra etapa. Salíamos a las nueve de la mañana a correr otros 190 kilómetros. Por la noche nos tomamos una copita de vino para celebrar y junto a Sanabria, quien ese día se proclamaba como rey de la montaña, nos subimos a la habitación para ver si salíamos en la televisión.

Aún no estábamos acostumbrados a la hora de Europa y no lográbamos conciliar el sueño. Bajamos al lobby del hotel y cuando charlábamos sobre los pormenores de la etapa recibimos el baldado de agua fría. Rubén Darío, el corresponsal de RCN, nos contó la noticia de un solo golpe. Todos quedamos callados. Se me aguó la fiesta. Quedé triste y pensativo. Al doctor Galán lo respetaba muchísimo, era un hombre muy sencillo al que le encantaba el deporte. Fue la primera personalidad a la que tuve el privilegio de estrechar la mano, cuando fue a visitarnos en una Vuelta a Colombia hacía solo unos tres meses atrás. Recuerdo que en la etapa entre Girardot y Bogotá nos siguió a bordo de un Jeep Wrangler y que desde allí también nos saludó con sus brazos en alto, justo como lo hizo antes de que lo alcanzaran las balas.

Mi triunfo se convirtió en una victoria agridulce y nos quedamos esperando salir en televisión pues todo el despliegue se lo llevó la muerte del doctor Galán y esa noche no mostraron nada sobre deportes en los noticieros. Con la mala nueva aún en la cabeza, salimos al otro día madrugados a seguir pedaleando.

Años después me saqué el clavo, al ganar una etapa de la vuelta a México en la que corrió el mismo Lars Armstrong y varios premios de montaña en Estados Unidos. Hoy queda el recuerdo de mi triunfo en las últimas páginas de los periódicos, enlutado por esa tragedia que se llevó las primeras planas de todos los periódicos en Colombia.

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