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Cuando reviso todas las obras que he hecho como artista plástico, debo confesar que Indiferencia, la cual presenté en el festival de performance de Cali en 1997, fue fundamental en mi carrera. La idea de quienes hacemos este tipo de propuestas es hacer arte con el cuerpo. Si para el pintor es importante un óleo, para el performer es el cuerpo, nada más. Y fue allí ante el público cuando, aunque no lo crean, me comí un cerro de mi propia mierda. Aquí en Colombia se habla mucho de que alguien está comiendo mierda cuando está en la pobreza absoluta o sin trabajo o en condiciones difíciles, pero nadie piensa realmente qué es eso. Siempre es como el nombre de mi obra lo dice: con indiferencia. Yo quise hacer una metáfora de esa realidad del país, de hacer consciente esa frase trajinada "de comer mierda", y quise herirme a mí mismo, lastimarme, maltratar mi cuerpo, pasar una dura prueba para comprobar que el asco del público que me vio ese día, es el mismo asco que vivimos a diario con los que "comen mierda" en las calles, en los semáforos, en el campo. Yo quería que fuera lo más real posible pues para mí un performance es una presentación, no una representación de la realidad.

La acción consistió en lo siguiente: me fui a un rincón del recinto y cagué sobre un plato. Luego oriné en una copa, me senté en una mesa cubierta con un mantel blanco y comencé a untar la mierda sobre el pan y me lo iba comiendo. Los orines me servían de bebida. En ese instante trataba de no pensar en nada y hasta en el video que hay de registro, salgo haciendo gestos de placer. Yo miraba fijamente a los asistentes, como retándolos, y trataba de abstraerme para no percibir el sabor de lo que comía. No puedo decir a qué me supo porque más que degustarla, me la tragué. Cuando terminé, me paré y salí corriendo con toda la intención de vomitar, pero no pude. Me gustó que la gente reaccionó de todas las maneras posibles. Alguien me dijo después que si hubiera hecho sándwiches, él hubiera comido y, en cambio, otra persona trató de pegarme por hacerlo ver ese tipo de cosas. Los días siguientes me fue imposible comer porque tenía esa sensación asquerosa en mi boca. Me sentía maltratado, vulnerado, despreciable. Pero siento que cumplí mi objetivo de reflexionar sobre la vida, que viéramos por unos minutos lo que es comer mierda y, por un instante, pensar realmente en este país donde este dicho lo vive a diario en carne propia, para tristeza nuestra, mucha gente.

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