Tengo doce años y me volví famoso de un día para otro simplemente por caerme en un río. Esto me ocurrió en abril pasado en un rancho enorme que queda cerca a Nueva León, México. Con mis primos siempre grabamos una película casera con guión y todo para divertirnos. Ese día yo estaba interpretando a un pirata que cruzaba un río a través de dos troncos de madera con un palo en la mano, la espada. Fernando, un amigo de mi primo, era el pirata malo que me molestaba al otro lado de ese improvisado puente. Cuando estaba parado sobre los troncos en medio del río, Fernando comenzó a mover uno de los maderos. Yo le gritaba: "yaaa, güeyyyy". Perdí el equilibrio, me golpeé la cara con el tronco y me fui "de culo pa'l estanco". Mientras lloraba e insultaba a Fernando, mi primo Raúl seguía grabando todo. En el final del video se escucha a Raúl decirle a Fernando "te la bañaste" (se te fue la mano) y luego a Fernando que me dice: "No peines", que aquí en México significa no le digas a nadie. Yo cumplí con eso y me olvidé del tema, pero a los pocos días, mis compañeros de colegio me contaron que ese video había salido en un programa de televisión que se llama Ay, caramba. Mi primo Raúl no solo lo metió ahí sino también en Internet, en You Tube, y empezaron a llamarme de todas partes del mundo para conocerme. Más de diez millones de personas ya vieron mi caída. Me invitaron a varios programas de televisión en México, incluso me ofrecieron un trabajo como reportero. Tengo mi club de fans, camisetas con mi nombre, me pusieron en caricaturas e hicieron videojuegos y hasta representaciones en mi honor. Salí hasta en la CNN de Estados Unidos. Cada vez que voy al estadio a ver al Monterrey, la afición me echa porras y en la calle no paro de firmar autógrafos. Después de esa caída no volví a hablar con Fernando, porque me engañó. Pero ahora me voy a reencontrar con él obligado pues una empresa de golosinas nos contrató para grabar una publicidad en la que vamos a revivir ese momento. Con ese dinero voy a comprarme un MP3 y un celular con ring tone que sacaron de mi caída: ¡Yyyaaaaaaaa, güeyyyy!

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