Hace unos meses, con motivo de la publicación de unas fotos imitando La última cena, donde la modelo Alejandra Azcárate hizo el papel de Jesucristo mostrando las tetas –ni tan divinas como se proclama, pues uno de sus pezones es ligeramente estrábico– para la revista Soho, manifesté mi malestar por lo que consideré un desaguisado, pues no se puede reemplazar el pecho peludo del corazón de Jesús con semejantes mamas. Lo hice en pleno ardor de mi conversión a la fe en el mártir del Gólgota, que no el que ahora colgaban en un set de fotografía. Lo que no imaginé fue que esa protesta, más de índole metafísica que farisea, fuera a incidir en que tanto el director de la publicación, el impertinente escritor del texto y los modelos de imitación se vieran envueltos en problemas con la policía. No fue esa mi intención, por Chucho.
Pero si no estamos en los países árabes, donde burlarse de Mahoma –pero Jehová es el más grande– da para ajusticiamiento inmediato. O para persecución de por vida, si reside en el extranjero, como sucedió con el autor de ese bodrio titulado Versos satánicos. Yo mismo, en mis épocas ateístas, hice mofa del demonio al proclamarlo la cuarta persona de la Santísima Trinidad, lo que no me ocasionó protesta alguna por parte de las sectas que proliferan. Y afirmé por la prensa que los nadaístas habíamos llegado a ser más famosos que Jesucristo y los Beatles juntos, sin ningún reclamo de la Conferencia Episcopal ni de Apple Records. Colombia es un país libre para todo tipo de bromas. O si no recordemos los años del gobierno de Turbay, donde todo el mundo le inventó un chiste, ninguno tan bueno como para decir ¡qué bruto! Y a nadie metieron a la cárcel por eso. Solo a quienes le hicieron el chistecito de sacar por un túnel las armas del Cantón Norte, en el mismo Cantón Norte les apretaron las clavijas. Pero ese es otro cantar, como diría Carlos Duplat.
Circula el rumor de que podrían ir a la cárcel, para empezar, el director de la revista, el playbill Daniel Samper Ospina, quien heredó de su papá la chispa para mamarle gallo a quien dé papaya. Para continuar, el escritor Fernando Vallejo, quien merecería cadena perpetua por todo lo que ha escrito, si los jueces leyeran buena literatura. Y para terminar, los 12 personajes que posaron como apóstoles de los evangelios apócrifos, entre ellos el reciente candidato a la Presidencia y líder del Polo Democrático, Carlos Gaviria, quien de paso tendría que pagar una multa tan alta como la suma que va a reconocérsele por reposición de votos. O sea que estaríamos ante un montaje político para acabar con la oposición.
Distinguidos escritores públicos se han dado a la tarea de defender a los inculpados, con tan mal tino que van a resultar haciendo enfurecer al señor juez, quien de la pica puede terminar clavándolos. Aquí, si hay alguien más serio que un policía, es un juez cuando no está en paro. No se le puede argüir que mientras hay tanto paramilitar amnistiado y tanto terrorista suelto, no haya que pararles bolas a las denuncias de unos cristianos encolerizados. Ni sacarle en cara a la Iglesia su pedofilia, ahora que los sacerdotes salieron del clóset como del confesionario. A los jueces no se les implora ni se les regaña por los medios, pues implica presión indebida.
Lo más que puedo hacer es presentar mis ruborizadas excusas a Daniel Samper Ospina por mi inadecuada protesta, que me pone al nivel de sus cavernarios acusadores, que parece que nunca hubieran visto una gruta. Dije una gruta, no una cuca.
 
Junio 7 de 2006

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