Lo que empezó como una queja lícita contra una fotografía que imitaba la última cena –lícita como queja porque la libertad de expresión consiste en poder decir lo que a uno quiere y también lo que no le gusta- ha tomado ya visos realmente preocupantes por la ferocidad de los fundamentalistas. Lo peor es que no se trata propiamente de un debate legal, ni siquiera de un atentado a la libertad de información sino de una coacción inadmisible a la creatividad, al libre desarrollo de la personalidad.

Una fotografía o una caricatura pueden verse según los prejuicios de cada uno pero un juez penal ha citado a una audiencia al director de la revista Daniel Samper Ospina y al veterano e irreverente escritor Fernando Vallejo. Pero, mucho más alarmante, también involucra a la modelo y a los viejitos que la acolitaron como apóstoles.

Lo paradójico es que ninguno de los medios de comunicación ni mucho menos las agremiaciones de periodistas –el CPB sigue secuestrado ahora entre el fanatismo religioso y los odios personales- ha prestado la debida atención al caso que amenaza convertirse en un funesto precedente para la libertad de expresión en Colombia. El silencio del CPB alcanza ya niveles de complicidad: tampoco dijo nada frente a las amenazas al periodista y afiliado suyo Herbin Hoyos Medina, director del programa radial que denuncia la atrocidad del secuestro y lleva mensajes de alivio a las indefensas víctimas.. La rapiña asalta las oficinas de prensa en el Congreso y tampoco se da por enterado..

Tal vez no se le ha dado importancia a la denuncia penal porque se piensa que no amerita o la sanción prevista en el Código Penal (artículo 203) es un tanto benigna pero el asunto debe asumirse como una cuestión de principios. El hecho es que el Juez 32 Penal del Circuito de Bogotá adelanta proceso por "Daños o agravios a personas o a cosas destinadas al culto" y los grupos supuestamente ofendidos también han alegado calumnia e injuria (otra vez la manida calumnia e injuria como arma de intimidación contra los periodistas). Pero ya se sabe, la calumnia o injuria solo proceden cuando se demuestre la intención del autor de hacer daño, o sea dolo, en derecho penal.

El juicio a Soho, que por lo demás recuerda el fanatismo musulmán por las viñetas de Mahoma, no tiene razón de ser. Los que hoy encuentran agravios en las fotografías o en las caricaturas pueden atentar mañana contra las noticias o las opiniones.

*Presidente del Colegio de Abogados de la Universidad Nacional. E-mail: hortajaime@hotmail.com

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