ESCRIBO en mi carácter de querellante en el proceso penal instaurado contra el director de la revista Soho y las personas que posaron en una foto haciendo una parodia de la Última Cena, de Leonardo. También está involucrado en el mismo proceso el señor Fernando Vallejo, quien hizo un escrito para resaltar la infame fotografía. Quiero dar un sucinto informe sobre este caso judicial y me propongo mantener enterada a la opinión pública respecto del desarrollo del mismo.
Lo primero que se le viene a uno a la mente es: ¿qué fue lo que llevó a esas personas a realizar semejante acto de ofensa pública a lo más sagrado que posee un ser humano que es el sentimiento religioso? Las ofensas inferidas con esos escritos y fotografías a la Persona Divina de Jesucristo, al Espíritu Santo y a la Madre de Dios, fueron directamente y en materia grave contra el Primer Mandamiento de la Ley de Dios. ¿Hasta allá han podido llegar algunos colombianos en este proceso de descristianización, de ateísmo creciente, de pérdida de los principios y valores morales y espirituales?
Por otra parte ¿dónde se ha visto la reacción de los católicos, de los cristianos, de las personas decentes de Colombia? ¿Para qué nos desgastamos puliendo una democracia o construyendo un orden social o un Estado Social de Derecho si no somos capaces de hacer respetar lo que es más esencial: el carácter espiritualista y creyente de nuestra Nación, que nació al amparo de la señal de la Cruz?
La poderosa y rentable empresa de Soho está nerviosa porque un juez penal municipal de Bogotá dictó providencia en primera instancia declarando que había materia para continuar con el proceso penal y que, en el caso del señor Vallejo, la Fiscalía debía iniciar una investigación penal formal bajo la figura de “apología del genocidio” (Art. 102 del Código Penal). Los afectados con dicha providencia apelaron, y para el día 26 de julio fue convocada audiencia en segunda instancia, en el Juzgado Penal del Circuito de Bogotá, la cual a última hora fue pospuesta.
Por medio de una revista que hace parte del precitado clan, anunciaron que Soho había organizado una manifestación para reivindicar la “libertad de expresión”. Ante la puerta de los juzgados se hicieron presentes varias personas, acompañadas por representantes de medios de televisión y radio. Un periodista de apellido extranjero, conocido por sus reiteradas posiciones contrarias a los valores morales, hizo la transmisión de la despoblada manifestación y acompañó en los pasillos del juzgado al nuevo abogado de los demandados que ha dicho que se va a sacrificar trabajando ad honorem en este caso porque lo que le interesa es defender los “principios”… La conclusión es que la “libertad” de expresión y de prensa tiene para algunos más categoría que el culto y el respeto debidos a Dios.
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