Santamaría invirtió en un fondo de valores (Fonval) con un perfil muy conservador, para no arriesgar innecesariamente los recursos dirigidos a una fundación benéfica. Prefirió proteger el capital sacrificando la exposición al riesgo y, por ende, el potencial de grandes rentabilidades. Pero decidió poner a invertir otro millón de pesos de su bolsillo en acciones de manera más arriesgada, utilizando una garantía máxima de 1.500 dólares. Con esta segunda inversión, la utilidad fue de 336.250 pesos.

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