Mi nueva cara (II)

Mi nueva cara (II)

El escritor, que se sometió a una cirugía plástica para cambiar su aspecto, describe cómo se siente mientras se acostumbra a ver otra persona en el espejo. Parte dos de un experimento que no tiene regreso.


Es duro ser negro. ¿Has sido negro alguna vez?
Yo fui negro una vez... cuando era pobre.
Larry Holmes (ex campeón mundial de pesos pesados)

5. Almuerzo desnudo
La voz de Sinatra siempre me trae malos recuerdos. Por alguna razón mi madre se había obsesionado con Summer wind y cada sábado, mientras preparaba el almuerzo, la escuchaba hasta el cansancio. Yo odiaba el almuerzo de los sábados porque la receta era invariable: arroz de fideo, pollo guisado y tajadas de plátanos. Así que la voz de Sinatra y el horrible trac-trac que hacía mi madre destazando un pollo son inseparables en mi mente. ¿Has observado qué sucede con un pollo cuando cae en manos de un ama de casa? Cortar la cabeza y arrancar cada extremidad del cuerpo le tomaba a mi madre un par de minutos, luego lo abría por la mitad y partía los huesos para liberar las vísceras. Lavaba la sangre con abundante agua pero en su uñas quedaban restos de piel y algún fragmento óseo. Summer wind sería la banda sonora perfecta para el video de mi cirugía y estoy seguro de que cualquier pollo congelado habría presentado mayor resistencia que yo a los embates del bisturí y los golpes del martillo. Estaba allí, inerme, un pollo de ochenta kilos sobre la angosta camilla. La primera cosa que me hicieron fue una pexia de cejas; significa que me abrieron dos largos y profundos cortes detrás de las sienes, dentro del cuero cabelludo, para entrar por allí hasta el borde de las órbitas, jalar el músculo cuanto fuera posible y pegarlo con un sutura de propileno. Mi madre usaba esa técnica para vaciar el pollo y luego rellenarlo. Conmigo se trataba de alzar las cejas hasta la posición que tuvieron quince años atrás. Para redondear el efecto de la pexia me cortaron parte de los párpados y los remendaron, también me extrajeron la grasa que forma las bolsas bajo los ojos.
A esa altura tuve que suspender el video y corrí al baño a vomitar. Me sentía el peor de los cretinos, el más despreciable pollo del mundo. ¿Cómo pude someterme a aquella carnicería? Lloré en silencio y tuve ganas de morir. Dejé pasar un par de días antes de ver el plato fuerte: la rinoplastia. Con este procedimiento se puede acortar, adelgazar, alargar y modelar la nariz según el gusto del paciente e incluso mejorar su funcionabilidad. Hay quienes llegan al consultorio del cirujano plástico con la foto de Brad Pitt o Cameron Diaz sin tener en cuenta que quizá el resto de sus caras no armonice bien con esas narices. ¿Cómo crees que se vería Mike Tyson con la nariz de Catherine Zeta-Jones? En uno de sus textos Borges sostiene que todas las cosas quisieran perseverar en su forma; en el mundo Marlboro (que, por supuesto, Borges no conoció) las apariencias son lo único que cuenta y se vive bajo otros axiomas: todas las cosas están dispuestas a vender cuerpo y alma con tal de salir en televisión. O: todas las chicas quieren un enorme trasero tipo Jennifer López. También yo tenía en mente una nariz; quería aquella donde encajaran sin dificultad las viejas Ray Ban de mi padre. Para lograrlo dejé que a punta de cincel y martillo tumbaran la giba del tabique y que el bisturí borrara la herencia árabe concentrada en la punta. Ver cómo levantaban la piel y entraban todo tipo de herramientas por mis fosas nasales me sacó nuevas lágrimas. Volví a suspender el video; experimentar asco por uno mismo no es un buen deporte. Ahora el temor y la ansiedad era que el resultado no llenara mis expectativas; para hacerme una vaga idea debía esperar un par de semanas. La forma definitiva se tomaría al menos seis meses. De algo estaba seguro: no quería comer o saber de pollos el resto de mi vida.

 
 
 
El escritor combatió el dolor con una droga llamada Combaren. Sólo podía tomarla tres días porque corría el riesgo de volverse adicto.
6. Mutantes y cretinos
Como el resto de seres humanos, los cirujanos plásticos están expuestos al error. Si en un partido definitivo Ronaldo bota un penalti seguro que hasta el más fiel de sus fans va a recordarle lo santa que es su madre. Cuando un cirujano plástico se equivoca puede haber desde demandas hasta amenazas de muerte. El lunes 24 de septiembre de 1997 la joven abogada de Nueva Jersey Linda Barton (quien tratando de hacer honor a su nombre se había sometido a 13 cirugías estéticas) disparó a quemarropa a su cirujano plástico Edward Christiansen porque, según dijo tres días después en su declaración, éste se negó a operarla de nuevo. El momento difícil de Andrés Mejía ocurrió siendo residente de cirugía plástica en la clínica San Rafael; le habían encargado el caso de un niño con el rostro desfigurado por quemaduras; el asunto, debido a la campaña de prensa que buscaba recoger fondos para la intervención, era noticia nacional. Una vez logrado el patrocinio Andrés procedió; su idea era obtener piel del abdomen para injertarla en la cara. Usó para ello un expansor especial que durante varias semanas estiró la piel del abdomen de aquel niño y cuando fue a retirarlo notó con terror que la piel había necrosado (estaba muerta).
-Sufrí mucho -confiesa Andrés-. En vez de ayudarlo había duplicado el problema. Finalmente extraje piel de sus muslos y logramos excelentes resultados en cara y abdomen.
Una de las cosas más temidas por los cirujanos es la obsesión que las cirugías con fines estéticos despiertan en ciertos pacientes. Michael Jackson es el más famoso de los mutantes pero no está solo. Convencer a una paciente, a la que se le han sacado ocho litros de grasa en una liposucción, de lo peligroso que sería liberarla de tres litros más no es sencillo. Ante la negativa del cirujano de confianza muchas buscan cualquier otra opción y los casos mortales siguen en aumento. En un tiempo este tipo de cirugías parecía privilegio de ricos, hoy en cualquier esquina de Bogotá encuentras un lipoescultor.
Algunos psiquiatras afirman que los cambios en el aspecto físico afectan la personalidad. Aquella vieja creencia que lo esencial en nosotros está en el fondo y no en la forma ha perdido fuerza, el eslogan que los mutantes exhiben con orgullo es que "uno es como se ve". No importa que el registro policial de los Estados Unidos ignore la severa transformación de Michael Jackson y lo defina todavía como "un varón de raza negra". Michael ni siquiera se siente parte de este planeta y quizá no lo sea.
Tumbado en la cama trataba de sentir las variaciones en mi personalidad, no percibí nada raro: el presidente Uribe seguía inspirándome poca confianza y Juan Pablo Montoya era cada vez más cretino.

7. Stranger in the night
Quien se somete a una prueba física, mental o espiritual lo primero que se pregunta es si dicha prueba le causará dolor. Cristo pensó muchas veces en eso mientras se acercaba al momento definitivo. A nada se teme más que al dolor y para combatirlo se recurre a cualquier cosa incluida la muerte. Por supuesto que le pregunté muchas veces al doctor Mejía si aquella cirugía implicaba mucho dolor y él respondió que la droga que iba a recetarme luego de la cirugía era muy buena y el resto dependía de mi umbral de dolor.
-¿Umbral de dolor? -pregunté asustado-. ¿Qué carajos es eso, doctor?
-Significa que cada persona asimila el dolor de forma diferente.
-¿Y si mi umbral es bajo?
-Sufrirás un poquito más -dijo él. Desde la ventana de su consultorio se veía el despiadado aguacero que caía aquella tarde sobre el norte de Bogotá-. Te aseguro que esa droga es muy buena.
Y lo era. Su nombre es Combaren y contiene codeina (un derivado del opio). Antes de que el efecto de la anestesia se fuera del todo empecé a tomarla y así mantuve el dolor a raya; el efecto colateral fue una sensación de estar suspendido y ver los objetos y personas en otra dimensión. El doctor me advirtió que no podía tomar esa droga más de cuatro días porque podía causarme dependencia. La tercera noche de convalecencia me desperté en esa nube causada por el Combaren y floté hasta el baño. Adentro había un gordo feo y sonriente con un raro vendaje sobre la nariz.
-¿Qué haces aquí?
-Eso iba a preguntarte -dijo él-. ¿Qué putas haces en mi baño?
-¿Tu baño? ¡Toni! ¿Quién es este idiota?
-Voy -gritó Toni desde el otro cuarto. Le había pedido acompañarme esos días porque me daba pánico quedarme solo en aquel estado. Toni se paró en la puerta-. ¿Qué pasa?
-¿Quién es ese idiota? -Toni lo miró y se echó a reír. Me emputé-. ¿Es amigo tuyo?
-Será mejor que suspendas esas pastillas -dijo Toni golpeando con los nudillos mi imagen en el espejo.
Toni se fue y observé mi cara, la inflamación había descendido un poco y en el fondo de mis ojos mi alma empezaba a regresar. La frente estaba lisa, alrededor de los ojos había manchas oscuras que, según el pronóstico médico, debían aclararse en tres o cuatro semanas. Sí, era yo. No, no lo era. Un maldito extraño compartía mi mente, lo sentía acomodando sus nuevas ideas, su estúpida alegría de tabique más delgado y punta respingada. Me observé con curiosidad y traté de sonreír pero los músculos alrededor de mi boca no respondieron. ¿Había algo nuevo adentro? Diría que sí, pero no sabía qué rayos era. Volví a la cama, me dolían un poco las sienes. La caja de Combaren resplandecía sobre la mesa de noche.

8. El rey de los defectos
En las entrevistas siempre me preguntan por qué escribo y yo trato de improvisar respuestas. La última vez dije que escribía porque para todo lo demás existe Mastercard. Supongo que ahora la pregunta clave será por qué me hice una estúpida cirugía plástica. También yo tengo algunas preguntas: ¿Sabes lo que se siente ser enano?, ¿negro?, ¿calvo? A Barry McGuigan, un campeón irlandés de peso pluma, lo abordó un periodista luego de un feroz combate. En el camerino estaban la esposa y Norah, la pequeña hija del púgil.
-Espero que seas avispado -dijo McGuigan-, porque sólo responderé dos preguntas.
-Ok -dijo el periodista-. ¿Por qué te hiciste boxeador?
-Si pudiera contar historias sería poeta -respondió McGuigan risueño-. ¿Algo más?
-¿Te has visto la cara? Está destrozada -dijo el periodista con expresión despectiva-. ¿O es que no te importa tu aspecto?
McGuigan miró a su hija y luego encaró al periodista; su frente se apoyó en la del otro como si fuera un odiado rival, las anchas aletas de su nariz resoplaban. El periodista sintió que aquel instante se hacía eterno.
-Sabes que podría hundirte la nariz en el cerebro -susurró McGuigan casi con dulzura-. En caso de que tuvieras uno.
Enseguida alzó a su hija en brazos y se la llevó al fondo del camerino.
Los boxeadores son criaturas extrañas que viven, al igual que los cirujanos y las amas de casa, en un mundo de sangre y huesos rotos. La sensación que tuve en los días que siguieron a la cirugía fue la de haber salido de un ring. Y es que el boxeo es el único deporte del mundo donde las reglas te obligan a desfigurar al otro. Para un boxeador el cirujano plástico hace parte de su rutina.
¿Has padecido acné conglobata? No es gran cosa; se trata solo de una forma grave de acné intensamente inflamatoria en la que predominan los comedones, quistes, nódulos y abscesos que tienden a converger formando numerosas fístulas supurativas que dejan profundas cicatrices. Dicho de una forma más directa: es una maldita peste que te vuelve mierda la cara. Trata de imaginar que tienes diecisiete años y cada día al mirarte al espejo no ves otra cosa que acné conglobata. La desesperación y el dolor que se derivan de no ser lindo e inmaculado en el mundo Marlboro pueden ser insoportables; no se trata solo de la belleza inmediata de los comerciales de jabón, para algunos sería suficiente que alguien los mirara con ternura una vez en la vida. Pero el acné conglobata y la ternura no suelen asociarse.
¿Sabes lo que se siente ser enano?, ¿negro?, ¿calvo? No puedo responder esas preguntas todavía, pero en el colegio donde acabé el bachillerato había un chico al que apodaban el Rey de los defectos. Y de verdad parecía que un dios perverso se había ensañado con él. Para acabar de joder era brillante; sacaba las mejores notas y el resto de nosotros, a pesar de su aspecto, lo odiaba y envidiaba. Antes de entrar a la universidad me llegó la noticia de que se había pegado un tiro y lo entiendo. También el acné conglobata ha causado un buen número de suicidios.
Escribo porque no tengo un buen gancho de izquierda y mi chance de ganar un título mundial de peso medio es improbable. Como los boxeadores, también odio las preguntas tontas y pienso que las únicas mujeres perversas son aquellas que no me desean. Bajo del taxi y entro a la clínica del Chicó; hoy cumplo dos semanas de operado y van a retirarme la férula que protege mi nuevo tabique. En la camilla las manos me sudan y cuando el doctor alza aquella férula me siento desnudo.
-Hay un espejo en el baño -dice.
La distancia entre la camilla y el baño es de seis metros. El doctor se adelanta para encender la luz. Me acerco despacio al espejo.

(Continuará)

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