Si usted ya no les come cuento a muchos de los artistas de ahora —que dicen estar a la vanguardia por trabajar con videos, instalaciones y otros medios— y además está jarto de ver muchas cosas sin sentido, no se espante ni se aleje del arte, porque todavía hay muchas cosas buenas. Buenísimas. No pierda la fe. Mire el caso de Óscar Muñoz, un artista payanés que vive en Cali y que conjuga todo lo bueno del arte en su trabajo: visualmente es impactante y conceptualmente todavía más. Es la mezcla perfecta y todo con elementos sencillos, esenciales, como el agua, el aire, la luz del sol.

En Aliento, por ejemplo, una serie de espejos cóncavos, el espectador, con el vaho de su aliento, hace que aparezca una serie de retratos de hombres y mujeres que ya murieron. Con la inhalación, desaparecen, y el espectador se ve solo frente al espejo. Con la exhalación vuelven y aparecen. Una metáfora de la vida y la muerte, simplemente "activada" a través de la respiración del hombre que es, finalmente, el motor de la vida.

En Re/trato, un video capta la imagen de una mano con un pincel que va pintando, solo con agua, el rostro de un hombre sobre un piso que está caliente por los rayos del sol. El rostro se evapora y la mano sigue pintando, como si quisiera fijar el retrato para la eternidad, pero nunca lo logra, la evaporación del agua no lo permite. Todo está ahí: poesía, arte, filosofía y mil metáforas.

Ahora, desde el 30 de diciembre y hasta el 6 de enero en la iglesia de las Clarisas, Hotel Santa Clara, de Cartagena, los turistas podrán ver otra de sus obras: Biografías. El espectador ve proyecciones de video desde el techo al piso que dan justo sobre sifones. Son imágenes de hombres que se van y vuelven, como si se fueran con el fluir del agua a través del desagüe del sifón. Como dice la crítica María Iovino, es la muestra de "un ciclo eterno". Si usted es un escéptico del arte contemporáneo, con Óscar Muñoz recuperará la fe. No lo dude, visite esta muestra que organiza la galería Alcuadrado. Si está en Cartagena, pase por la iglesia, vale la pena.

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