Patricia Tavera pinta en Portugal o en España, o
en su taller de París, a orillas del río Sena. Dejó su natal Colombia por la situación de inseguridad que por estos lados se vive, y aunque su realidad no es la ideal para nadie, al menos puede hacer lo que más le gusta en esta vida. Muy diferente es la situación de los protagonistas de Éxodos, personas que trabajan por nada, o casi nada, lejos de su tierra y de su sangre, que se van a Europa por una vida mejor y en muchos casos solo encuentran segregación y pagas miserables.
Cerca de 25.000 personas pasan por el centro cultural Casa de Vacas, en Madrid, donde se llevó a cabo la muestra. Muchos de ellos son colombianos, latinos, y varios ignoran que su dura realidad está magistralmente reflejada en la obra de una pintora que lleva ya más de 30 años de actividad. Registraron los diarios que 45 personas murieron cuando intentaban llegar en una lancha a las costas españolas, justamente un día antes de la inauguración Éxodos. Eso de que el arte imita a la vida parece cada vez más una verdad de a puño.
El trabajo expresionista de Tavera, cuestionado durante alguna época en Colombia, fue reivindicado hace ya un buen tiempo por quien hoy es su esposo, el periodista Plinio Apuleyo Mendoza, aunque, en honor a la verdad, hay que decir que el artículo de elogio fue escrito más de un año antes de que entre los dos surgiera el romance. En realidad, con trabajo constante y lleno de vida, y talento, es que esta bogotana ha sabido defenderse.
En este mes de abril la artista inaugurará Agua, una nueva exposición en Prova da Artista, en Lisboa, otra de sus casas de paso, escala previa al feliz regreso a Colombia. Ella, como muchos, espera que su éxodo tenga retorno.

Obra
Helena, 2005
Óleo sobre lino
130 x 195 cm.

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