Arquitecto de profesión y oficio, pintor por vocación, este bogotano de 40 años pinta desde los seis, pero hace dos que, impulsado por amigos y por esa extraña valentía que da el saber que se tiene talento para algo, se lanzó al agua.
Lo suyo es amor puro hacia el arte, del más inocente y desinteresado. Su formación como artista empírico le permite experimentar con pigmentos, materiales y elementos que encuentra de forma virgen en la naturaleza.
Álvaro, libre de la academia en lo que a términos pictóricos se refiere, se siente con la licencia para explorar diferentes técnicas en búsqueda de nuevas texturas y sensaciones. La luz y el color lo obsesionan, y utiliza estos dos factores para lograr lo que quiere, agradar al espectador, pero a la vez retarlo con sus cuadros a que encuentre nuevas formas y matices.
Según el mismo autor, en su obra se encuentra la simbiosis entre lo real y lo abstracto, lo que genera una mezcla en la que los dos géneros no compiten entre sí, pero que al mismo tiempo permite que se complementen. Sus pinturas son de gran formato, 120 x 120 cm y 180 x 120 cm, los cuales son seleccionados tras un riguroso análisis de proporción
Jaramillo no recuerda un suceso especial que lo haya incitado a pintar de forma profesional. Solo tiene presente que antes se negaba a vender sus cuadros y que, por el contrario, prefería regalarlos para no sentir que estaba prostituyendo algo hermoso. Pura visión de enamorado.
En su oficio emplea más el corazón que la cabeza, por eso no pinta todos los días, no se impone una rutina, simplemente se sienta frente al caballete cuando experimenta ese corrientazo de inspiración que le permite llenar esas grandes superficies de MDF, un aglomerado basado en madera.
Actualmente sus obras están exhibidas en Boston, Massachusetts, en Bogotá en el Museo Vial (carrera 15 con 97) y en la galería Casa Cuadrada, ubicada en la carrera 7ª con 83. Se viene una exposición en el hotel La Fontana, también en la capital, y se va un cargamento de cuadros rumbo a España.
Llenos de color, llenos de alma, los cuadros de Álvaro Jaramillo revelan vitalidad y ganas de ensayar, pero no a la loca. De alguna forma, lo suyo es empirismo fundamentado.

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