¿Quién es capaz de quitarse la ropa?, a ver. Jugando botella en la adolescencia, tal vez muchos se atreverían. Inclusive hoy en día, varias modelos lo hacen sin pudor. Pero quitarse la ropa del todo hasta mostrar las vísceras, como lo amerita el arte, eso sí que cuesta trabajo.
A eso precisamente se dedica Nicolás Uribe, aunque a veces no puede conciliar el sueño porque sabe que no tiene que demostrarle a nadie que sabe pintar. "¿Por qué debo exhibirme ante tanta gente que no sabe lo que está viendo? Soy un ególatra con máscara de humilde. Soy una miseria". Ya con esta frase del texto confesión -que acompaña el catálogo de la exposición colgada actualmente en Quinta Galería hasta finales de año-, se puede vislumbrar a leguas que Nicolás no le teme a llevarnos hasta el fondo de sus entrañas. O sí le teme, pero al fin y al cabo hace de tripas corazón y lo hace con cada uno de sus cuadros, que están hechos con trazos de un realismo sobrecogedor.
Ya se ha dicho de Uribe, que es de la casa acá en SoHo, que se graduó con honores del School of Visual Arts de Nueva York y que ha hecho varios retratos para la Cancillería y la Presidencia. Él mismo asegura: "Soy de la raza de los elegidos. Nada puede salirme mal. Puedo pisar fuerte mientras pinto al mundo. En apariencia todo anda bien, pero por dentro muero". Ese "dentro" es lo que importa y por eso la palabra que mejor describiría su obra es intimista. Lo curioso es que, luego de destaparse y destapar hasta a su esposa -su modelo de cabecera- sin remilgos ("tengo a Claudia para hacer de pantalla entre el mundo y yo"), Uribe vela los cuadros con una capa de pintura que les da un halo de secreto, un aire borroso por medio del cual el espectador comprende aún mejor que lo que tiene al frente es pura sinceridad.

QUINTA GALERÍiA
Papá
Óleo sobre lino 200 x150 cm.

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